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La conversación empresarial sobre inteligencia artificial ya dejó atrás la etapa del deslumbramiento. El debate de 2026 ya no pasa por quién tiene más pilotos, más plataformas o más licencias, sino por quién logró convertir la IA en productividad real. Gartner estima que hasta 40% de las aplicaciones empresariales incorporará agentes de IA antes de finalizar 2026, frente a menos de 5% en 2025. La señal es clara: el software ya no solo asiste, también ejecuta.
Eso cambia la conversación de fondo. Durante años, el software corporativo sirvió para registrar, ordenar y mostrar información. Hoy la promesa es distinta: sistemas que priorizan oportunidades comerciales, activan procesos, atienden solicitudes o coordinan tareas entre áreas. El salto no está en usar IA para redactar más rápido, sino en integrarla de verdad al flujo del negocio. Incluso gigantes como Oracle ya están reconfigurando sus plataformas alrededor de aplicaciones de IA orientadas a resultados operativos, y no solo de asistencia.
Pero ahí mismo aparece el riesgo del humo. La misma Gartner advirtió que más de 40% de los proyectos de IA podría cancelarse antes de terminar 2027 por costos altos, valor de negocio poco claro o controles insuficientes. Esa cifra resume bastante bien el problema central de esta etapa: la IA empresarial no se va a medir por entusiasmo, sino por impacto.
Ahí entra otra discusión que hoy gana fuerza: la del llamado vibe coding. Al comienzo funciona muy bien. Permite probar ideas, sacar prototipos y avanzar con rapidez usando IA para construir y corregir sobre la marcha. El problema llega después, cuando toca escalar, integrar, asegurar calidad y sostener esos desarrollos en producción. Lo que parecía velocidad puede terminar convertido en deuda técnica y complejidad operativa. Según Reuters, que citó un reporte del Financial Times, Amazon enfrentó revisiones internas tras incidentes en AWS en los que se mencionó el uso de herramientas internas de IA en procesos de desarrollo. Amazon luego cuestionó esa interpretación, pero el episodio dejó una lección relevante: en sistemas críticos no basta con que la IA impresione al principio; también tiene que demostrar que puede escalar con confiabilidad.
En materia de decisiones presupuestales, La República reportó que para 2026 la IA ocupará una porción relevante del gasto empresarial, con estimaciones cercanas a 15% del presupuesto total en algunos casos. Eso muestra que la discusión ya no es marginal y deja una pregunta abierta: ¿las compañías están comprando tecnología o realmente están rediseñando su forma de operar?
Y esa distancia no se cierra solo con inversión. También se cierra con talento. El Foro Económico Mundial estima que 39% de las habilidades clave de los trabajadores cambiará antes de 2030. En ese entorno, la ventaja no estará en dominar una plataforma puntual, sino en desarrollar capacidades más duraderas, como pensamiento analítico, adaptabilidad, criterio de negocio y aprendizaje continuo.
La nueva brecha empresarial ya no está entre quienes tienen IA y quienes no. Está entre quienes logran ponerla a producir y quienes todavía la usan como vitrina.
Es urgente que seamos capaces, como sociedad, de ponerle el cascabel al gato; que seamos capaces de, conjuntamente con el Estado, las ias, las empresas, los gremios, las comunidades y la academia, llegar a acuerdos francos
La industria de pagos en América Latina y el Caribe acelera su transformación hacia 2026, impulsada por la inteligencia artificial, la tokenización, los pagos en tiempo real y el auge de las stablecoins