Analistas 31/08/2020

Emprendimiento sostenible

La capacidad de innovar es el eje de la adaptación, tanto en términos biológicos como sociales y económicos. De hecho, la cultura es la suma de las adaptaciones que un grupo humano desarrolla a lo largo de la historia, no solo para sobrevivir, sino para darle sentido a su propia existencia: incluye tanto las prácticas materiales como las expresiones simbólicas, más o menos articuladas, el núcleo del debate antropológico acerca de las fuerzas que rigen el comportamiento humano.

Emprender implica un acto de la voluntad, un propósito deliberado individual o colectivo, público o privado, basado en la convicción de que es factible y conveniente poner en juego ciertas capacidades para incrementar el bienestar, al menos el de quien lo propone, sin afectar negativamente al resto. Siempre implica una transformación ecológica del mundo: es imposible hacer tortillas sin romper los huevos, el principio de materialidad de la sostenibilidad. Todo emprendimiento, por tanto, trae consigo riesgos e incertidumbre (que hay que distribuir con equidad), pues el mundo es afortunadamente complejo para abrirle espacios a la libertad y el ingenio, la cualidad más natural de lo humano. La sostenibilidad, un principio que hemos descubierto en las últimas décadas representa un avance ético y material fundamental para el emprendimiento: ningún negocio es aceptable hoy en día si no la considera.

Pretendo que el uso de la palabra “negocio” no destruya la potencialidad de esta reflexión, e invito a entenderla como el común denominador de un proceso transaccional indispensable para toda transformación ecológica del mundo. El cazador Embera depende de las conversaciones del jaibaná con el dueño de los animales: si esta negociación no es apropiada, no hay comida. San Isidro labrador interviene ante las altas esferas para que quite el agua y ponga el sol. Todo acto humano requiere pagamento a la madre Tierra, para algunos tan importante que se traduce en hambre aceptada: austeridad y ayuno, vida mística como consecuencia de hacerse a un lado. Sin la espiritualidad Kogui no hubiese sido posible habitar la Sierra Nevada de Santa Marta, aunque otros modelos culturales hubiesen podido desarrollar sistemas alternativos: la biología incide, pero no determina la cultura.

Un emprendimiento sostenible implica buenos negocios para quien propone y ejecuta la iniciativa, para el resto de la sociedad y para los ecosistemas, de ahí que reconocer agencia para sus componentes sea un experimento interesante. Hay que dejar que el río hable, que se represente, o la negociación ecológica estará incompleta, esa es la premisa de los defensores del Atrato. La pregunta es si el río está dispuesto a ser represado, por ejemplo, a cambio de transformarse en un lago que con el tiempo madurará para bien de pueblos y biodiversidad, en un ejercicio de cooperación donde la ganancia sea la protección integral de la cuenca.

El emprendimiento sostenible busca la regeneración, reconociendo que todo bienestar del presente se deriva de nuestra huella ecológica y que debemos asumir, de frente, la deuda ambiental acumulada, lo que implica una perspectiva virtuosa de las transformaciones ambientales. La pregunta es si podremos hacer de la sostenibilidad la base de todo emprendimiento en las próximas décadas, entendiendo que será la cooperación, no la competencia, la que acoja y juzgue las bondades de cada propuesta innovadora.