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Eco-petrol

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Es el día del guayabo electoral, imposible de vislumbrar en el ejercicio retrofuturista de esta columna escrita ahora, es decir, el viernes pasado. Rápidamente muchos estarán desplegando su “plan b” para acomodarse a la nueva realidad política, en el ejercicio más adaptativo que conoce la sociedad: el ajuste de las ideas públicas a una administración de gobierno…

 Si uno hiciese un paralelo evolucionista, supondría que tras cada ejercicio electoral, las “mejores” propuestas van triunfando para garantizar la persistencia de toda la sociedad (no solo una parte) y su capacidad de responder a las sorpresas y retos del ambiente, algo en lo que también los políticos demuestran su excelencia sistémica como analistas del riesgo. Pero también se daría cuenta que se requerirían decenas de ciclos electorales para que se decantara ese nuevo invento social llamado democracia, que no parece “estar pegando” y que requiere, al contrario de lo que piensan algunos, la protección de todas las diversidades como única garantía adaptativa en el largo plazo.

Fue precísamente en la búsqueda de abordar una escala de tiempos más extensos que la empresa Ecopetrol, otra clase de “especie” en el socioecosistema, presentó su estrategia ambiental, equivalente a una evaluación de desempeño en la arena evolutiva. Un análisis de su historia, de sus principales errores y aciertos, y un ejercicio de prospectiva les lleva a proponer una meta de producción de 1,3 millones de “barriles limpios” para 2020, entendiendo por ello la aplicación de una serie de estándares ambientales explícitos en todas las actividades de la cadena productiva. Indudablemente un ejercicio muy valioso que demuestra un reconocimiento de los cambios tecnológicos y regulatorios en que debe operar, pero también de un clima cultural que, a cien años mal contados de construir su dependencia total del petróleo, reniega de él: nuestra civilización probablemente colapse intoxicada en emisiones de CO2 , pero hace fila para pedir contratos, escuelas y centros de salud a su cargo. 

La paradoja es que no hay sostenibilidad posible en una estrategia insostenible, y la conclusión del debate, al que la empresa invitó abiertamente a una docena de expertos en temas ambientales, fue que (en mi interpretación laxa) se requiere plantear una trayectoria más ambiciosa para eliminar la adicción al petróleo, para navegar en esta transición civilizatoria que el cambio climático impone: prever su reinvención como entidad. Curiosamente, las grandes empresas parecen estar mejor dotadas para hacer estos ejercicios adaptativos que el resto de la sociedad, cada vez más incapaz de pensar siquiera en lo que puede pasar en unas horas. Sólo los pueblos que mantienen estructuras culturales transgeneracionales  retienen esa capacidad…

Ecopetrol mira el futuro con cierta complejidad y ello nos conviene a todos. Reconoce los gigantescos pasivos ambientales que la actividad petrolera heredada por la empresa ha generado, la voracidad irresponsable de una cultura de proveedores que no considera para nada la política ambiental empresarial (y que a menudo no respeta ni la Ley), y los conflictos  y la desconfianza que aún debe superar en torno al impacto que la exploración y explotación traen, especialmente en los temas de manejo de aguas subterráneas o de producción de combustible limpio. Busca hacer algo que sus accionistas seguramente valorarán, y es ser más responsable con su propio futuro. Su presidente planteó incluso una visión más extensa: reconociendo que el propósito de la empresa es la generación de energía, prevé una expansión hacia otras alternativas, aunque no una transición a un mundo seguro, solar, geotérmico, eólico: la aparición del “fracking” representa una sorpresa tecnológica que desbarata las predicciones de un mundo “Mad max”, para bien y para mal y nos lanza a otro, más incierto.

La única salida a las implicaciones sociales y económicas de la entropía resultante del modelo extractivo en que vivimos es la planificación de la “destrucción organizada” del mismo: un esfuerzo para que, a partir del conocimiento, tecnología, capital y capacidades derivadas del ejercicio petrolero, dejemos de usar petróleo. Nos enseña la evolución (y el sentido común) que cuando un edificio tambalea, lo mejor es hacerse a un lado y derribarlo: cada vez más Eco y menos Petrol.

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