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Analistas 21/06/2021

Clima verde

Brigitte Baptiste
Rectora de la Universidad Ean

Esta semana se publicó, después de casi una década de haber identificado e insistido en su necesidad, el primer reporte conjunto de las dos plataformas ambientales más importantes del planeta: la Ipbes (Biodiversidad y servicios ecosistémicos) y la Ipcc (Cambio climático). Ambas, producto de los acuerdos de Río en 1992, pero con precedencia de la climática (ya hasta Premio Nobel tiene) por diversos motivos, uno de ellos la creencia de que la crisis climática había que tratarla de manera independiente, como si en ecología se pudiese separar la atmósfera de la biosfera. El resultado, tardamos treinta años en adoptar una perspectiva de sostenibilidad basada en el carbono como moneda común del bienestar planetario. En detrimento, hay que decirlo, de los países megadiversos como Colombia.

El reporte, producto de un taller de 50 expertos mundiales realizado en diciembre de 2020, fue presentado ante los gobiernos del mundo como un llamado a reconocer la interdependencia de las condiciones climáticas de la Tierra con las de su biodiversidad, el único proceso capaz de mantener el metabolismo planetario, es decir, la capacidad de retener una complejidad ecológica suficiente para que la humanidad no tenga que pasar sus últimas décadas como especie en un profundo refugio subterráneo comiendo galletas de micelio, o peor, como en la película ‘Cuando el destino nos alcance’ (’Soylent green’, de Richard Fleischer, 1973), hechas con gente misma: la economía circular más breve… e insostenible.

A mi criterio, los cinco hallazgos más importantes del informe son: i) el cambio climático y la pérdida de biodiversidad implican severas amenazas para los modos de vida humanos, la seguridad alimentaria y la salud pública, y esos impactos negativos se concentran desproporcionadamente en las personas y comunidades marginadas, ii) la capacidad adaptativa de la mayoría de sistemas sociales y ecológicos está superada y requerirá gigantescos esfuerzos e inversiones aún después de haber controlado las emisiones, iii) las áreas protegidas son indispensables como estrategia adaptativa, pero en ninguna forma suficientes, suponiendo que estuviesen siendo adecuadamente manejadas, que no es el caso, iv) las llamadas “soluciones basadas en la naturaleza” pueden ser efectivas si se planean a largo plazo y no se restringen a la captura rápida de carbono (plantaciones forestales, por ejemplo). Se estima que se requiere una preservación efectiva de un 30% a 50% de los hábitat silvestres del planeta y restaurar más de un 20% de los paisajes de origen humano bajo criterios estrictos de funcionalidad ecológica, lo cual lleva a v) la urgencia de convertir todos los sistemas productivos agropecuarios en sostenibles.

En conclusión, urgen los expertos a adoptar como nuevo paradigma de la política planetaria el manejo simultáneo de la crisis climática, la recuperación de una biota sana y la consecución de mínimos de bienestar compartido para todos los habitantes de esta aporreada Tierra. En Colombia, podría ser la agenda post-paro…

Gracias infinitas al gran ecólogo sudafricano Bob Scholes, copresidente de la iniciativa, tras su prematuro fallecimiento hace pocas semanas tras una excursión al campo en Namibia. Paz en su tumba.

(https://www.ipbes.net/sites/default/files/2021-06/2021_IPCC-IPBES_scientific_outcome_20210612.pdf)