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Analistas 20/08/2026

No llore, ayude

Andrés Guillén G.
Socio director Guillen & Guillen Abogados

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Se necesita haber perdido todo el sentido de humanidad, ser muy ruin y mezquino para no acongojarse y estremecerse viendo las imágenes de la cantidad de personas que perdieron a sus seres queridos, sus bienes y el fruto del trabajo de toda la vida, y ver el futuro que les espera si no reciben una ayuda. Creo que nadie ha sido ajeno a ese sentimiento, pero desafortunadamente también supongo, y estoy seguro de no equivocarme, que mucha gente se va a quedar con ese sentimiento y no va a ser solidaria de una manera efectiva y real. ¡Qué tristeza, qué bajeza!

La generosidad no es dar lo que nos sobra ni entregar migajas para sentirnos bien o para hacer el show, es entregar tiempo, apoyo, dinero y bienes que aún puede que nos hagan falta y que definitivamente necesitan los demás en estos graves momentos. Nada más piense que usted, desde la comodidad desde donde está leyendo este artículo, pierde en un momento todo el fruto de su trabajo y las posibilidades de seguir trabajando. Es inimaginable y absolutamente devastador.

Por irónico que parezca, así es la vida: esta tragedia nos da una oportunidad de reivindicarnos con la existencia, de demostrar la grandeza que debemos tener, no solamente en expresar vana y fútilmente nuestra solidaridad, sino en llevar a cabo acciones concretas, efectivas y afectivas en beneficio de los demás. Insisto: ¿qué tal que fuera usted el que se encuentre en una de estas situaciones?

Es el momento de dar todo nuestro apoyo, no solamente para reconstruir las zonas devastadas y ayudar a las personas que lo han perdido todo, sino para reconstruirnos, para ser mejores personas, y que no se quede en literatura o en buenas intenciones. Es la hora en que usted y yo debemos actuar. No se quede en lamentaciones, expresiones o alharacas de solidaridad. Ayude. Entregue realmente una parte de usted y de su patrimonio, lo que quiera, pero que sea verdaderamente útil para nuestros hermanos. Sí, las oraciones sirven, pero no bastan.

Dicho sea de paso, qué diferencia, positiva por demás, de liderazgo, de presencia y de ayuda efectiva la que está dando el gobierno de De la Espriella. Se ve un líder presente, buscando soluciones, trabajando. Esto no debería llamar la atención, pero frente al tenebroso que acaba de salir de la presidencia no deja de ser llamativo. Se ve un líder uniéndonos, se ve un líder luchando sin crear diferencias, y se ve todo un equipo comprometido con lo que es la finalidad última del Estado: ayudar, soportar y proteger a sus gobernados, sin distinción de ningún tipo.

Pero la reconstrucción no solamente es física, también lo es de valores, una reedificación moral y ética. El terremoto que sacudió nuestra tierra nos debe zarandear a todos, en nuestra forma de actuar, en nuestro interior, para entender que somos uno, que las desgracias de los demás de una u otra manera nos están afectando a todos, para comprender que lo verdaderamente importante en la vida es apoyarnos, que la verdadera satisfacción se logra dando, entregando, construyendo en beneficio de todos.

La reconstrucción pasa también por la lucha denodada e irrestricta contra los violentos, contra quienes matan a nuestros soldados, contra los traficantes de drogas, contra los corruptos, contra los de la cultura del atajo, del dinero fácil, de la ventaja injustificada.

Y todo esto que he mencionado, que parece un simple manual de buenas intenciones, debería ser, en mi criterio, una guía práctica del día a día en nuestro vivir.

Es reconfortante, desde todo punto de vista, ver cómo el nuevo gobierno ha asumido su rol, cómo participa activamente. Y sí, seguramente se va a equivocar muchas veces, pero dejemos esa desagradable e infortunada costumbre de sentarnos pasivamente a criticar, a sembrar dudas con un criterio destructivo. Es la hora de la unión. Es una prueba que Dios y la naturaleza nos puso y no podemos, por nosotros mismos, ser inferiores. Tenemos una gran oportunidad para demostrar que sí somos la patria milagro, quitándole toda connotación política a esta expresión.

Juntos podemos, pero hay que actuar, hay que despertar y dejarnos mover a partir de esos sentimientos innatos que nos llevan a actuar bien. Sentir pesar, sentir tristeza y quedarse ahí es una canallada.

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