MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Si entendemos “vergonzante” como “dicho de una persona: que siente vergüenza”, este calificativo aplica perfectamente para algunos sectores de la prensa, para la gran mayoría de los sindicatos en este país y está enquistado en buena parte de la educación.
Es desconcertante ver cómo ciertos sectores de la prensa, que no son pocos, predican, practican y, lo más grave, usan su poder e influencia para difundir soterradamente ideales de izquierda. Es inevitable que existan ideologías, aunque me parece un contrasentido cuando se trata de aquellas radicales y manifiestamente perjudiciales. Pero lo que sí es totalmente reprochable es que haya periodistas y medios que, utilizando su gran influencia y su gran poder, difundan, descarada pero ocultamente -no sé si por resentimiento, por falta de responsabilidad o por convencimiento-, sus ideales. Lo mismo pasa con buena parte de los educadores y de los dirigentes sindicales.
Es inaplazable y necesario recalcar, especialmente, la responsabilidad de los medios y de los periodistas. Además de la magnífica iniciativa de mi compañera de columnas en este periódico, Maritza Aristizábal Quintero, de silenciar a Petro, acogida también por Mauricio Vargas, debería existir un compromiso claro, serio y definido de los periodistas y de los medios de comunicación: hablar claramente, no tratar de ocultar su ideología para manifestar su desacuerdo, su opinión o sus ataques. La prensa tiene un gran poder, afortunadamente, y no puede ser objeto de censura bajo ninguna circunstancia, pero tampoco ha de servir para manipular a la opinión pública. De paso, la propuesta de silenciar a Petro debería extenderse también a Cepeda y a todos quienes pretenden desconocer injustificadamente y por vías de hecho la institucionalidad.
Y lo más grave es que ni siquiera es porque estén en desacuerdo con ella; lo hacen por haber sido derrotados.
A propósito de esto y de la condena que ya pretenden hacer los miembros de la “izquierda vergonzante” a un gobierno que ni siquiera ha empezado, no se trata, ni mucho menos, de ser de derecha o de izquierda. Se trata de ser pragmáticos, lo cual implica priorizar la utilidad, los beneficios y los resultados positivos sobre unos esquemas dogmáticos, caducos y respecto de los cuales está probado que no funcionan.
La vara con la que se ha de medir este Gobierno, y en general a los políticos, ha de ser el enfoque que tengan para solucionar los problemas y los resultados, eligiendo lo que funciona sobre lo que no. Las ideas se han de medir por lo que funciona, por lo útil y benéfico. Y esto no implica ni una libertad absoluta ni la ausencia de límites legales, morales y éticos, en los que ha de primar el bien común.
Pero es que la izquierda vergonzante de este país ha pretendido volvernos enemigos. Ha pretendido vender la idea de que hacer empresa -y, por tanto, generar oportunidades de trabajo y progreso-, crear riqueza para todos, incluidos los dueños de las empresas, aplicar la ley, atacar a los delincuentes con la fuerza legítima del Estado, reducir el tamaño de la burocracia y, por ende, del aparato estatal, y disminuir el gasto, entre otros, es malo. Ha pretendido dividirnos entre buenos y malos por pensar diferente.
La grandísima mayoría de los colombianos somos trabajadores, somos gente de bien, somos de empuje, somos pragmáticos, queremos echar para adelante. Pero esto requiere responsabilidad de todos y hoy, muy especialmente, de la prensa.
Estamos en un periodo de transición, buscando reorientar el Estado y, por ende, la sociedad: mejorar, evolucionar, solucionar -no con cortinas de humo ni discursos- la pobreza, la desigualdad, la violencia y la corrupción. Y esto no lo vamos a lograr si no asumimos actitudes claras, responsables, honestas y de frente. No está mal, ni mucho menos, pensar diferente. Todo lo contrario: en la diferencia se logra el avance. Lo que está mal es tener una actitud vergonzante, escondida y manipuladora por parte de quienes tienen influencia o poder en los medios de comunicación, en la educación, en la salud y, en general, en algún ámbito de influencia. ¿De qué sirven los ideales de izquierda o aun los de derecha si estamos hundidos en corrupción, en violencia y en el desconocimiento sistemático de la ley?
Reducir el crédito a una simple operación financiera es desconocer su verdadero alcance. El crédito no mueve únicamente dinero, mueve oportunidades
En la vida empresarial, tanto para las personas como para las organizaciones, identificar el mejor momento para retirarse es la opción más viable