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Analistas 20/10/2018

El verdadero problema fiscal colombiano

Siempre existe la tentación de entender la política fiscal como un simple problema de sumas y restas en el que el nivel de ingresos debe ser siempre igual al de los gastos. Sin embargo, la política fiscal no es un problema contable y debe ser evaluada desde el punto de vista de las funciones económicas, sociales y políticas que cumple. La política fiscal es clave para la búsqueda de un crecimiento económico con pleno empleo, para la instauración de una sociedad más igualitaria socialmente y, en el caso colombiano, para la garantía de una paz estable y duradera. Casi siempre, la búsqueda de estos objetivos requiere del mantenimiento de déficit presupuestarios, pues la búsqueda del equilibrio se convierte en una restricción que impide canalizar el volumen de recursos adecuado para impulsar los objetivos mencionados, y obliga al Gobierno a promover reformas que tributarias que, en términos generales, terminan golpeando a quienes menos posibilidades de cabildeo y presión democrática poseen: la mayoría de los sectores sociales y populares. El equilibrio presupuestal se impone, entonces, como una barrera para el crecimiento económico, el pleno empleo, la igualdad y la construcción de paz.

¿Es posible gobernar con semejantes restricciones? ¿Es realmente beneficioso para la sociedad colombiana definir el equilibrio presupuestario como único principio de manejo fiscal?

Para ambos interrogantes la respuesta es negativa. En primer lugar, no es claro que se pueda gobernar “sin mermelada”. La idea del Gobierno de Iván Duque de dejar de lado la mermelada carece de sentido. Lo que se busca es repartirla de otra manera: beneficiando a los empresarios con bajas en los impuestos y honrando escrupulosamente el pago de la deuda pública para mantener contentas a las agencias calificadoras de riesgo. Solo esto explica la intención de impulsar una reforma tributaria regresiva en materia de IVA y porqué el país pagará el año entrante $52,4 billones por concepto de deuda.
Esta apuesta deja sin recursos otros propósitos fundamentales para el grueso de la sociedad colombiana: el sostenimiento del pleno empleo por medio de verdaderas políticas contracícilicas, la búsqueda de una mayor igualdad social (que se oculta ahora con la idea de que Colombia es un país de “clases medias” y de que el emprendimiento constituye la vía más eficaz para autogestionar la pobreza), y la consolidación de una paz estable y duradera basada en la implementación rigurosa de los Acuerdos de Paz. Sobre este último aspecto, vale anotar que distintos estudios muestran la insuficiencia de recursos en los primeros años de implementación de los Acuerdos, que para el año entrante únicamente estaría asegurado 26% de los recursos presupuestales requeridos para ejecutar lo estipulado en el Plan Marco de Implementación, y que garantizar una paz estable y duradera requerirá $76 billones adicionales a los $129 presupuestados para los próximos 15 años.

Son estos los verdaderos problemas que la política fiscal debe resolver en Colombia. Ante estos desafíos, la búsqueda del equilibrio fiscal no es la solución: entender la política fiscal como simple problema de sumas y restas es miope económica, social y políticamente ¿Podemos confiar en que el Gobierno, los empresarios y las agencias calificadoras de riesgo comprenden el verdadero problema de la política fiscal en Colombia?