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Los inamovibles

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Primero se dijo por parte del ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla que el Presupuesto General de la Nación (PGN) para la vigencia de 2019 había quedado desfinanciado en $25 billones; luego, sin mayores explicaciones, se redujo a $14 billones el déficit y de allí que el proyecto de ley de financiamiento aprobado por el Congreso de la República ascendía a dicha suma. Pero, en vista de que se le cayó por inviable su propuesta de ampliar la base del IVA de 53% a 80% de la canasta familiar, con la cual se esperaba recaudar $11,3 billones de los $14 billones, se tuvieron que conformar con sólo la mitad de ésta que era la meta.

Y mientras el Gobierno Nacional se verá en calzas prietas para cuadrar sus cuentas y empezará a saltar matones a partir de 2020 hasta el término de su período en 2022, el Ministro de Hacienda persiste e insiste en mantener en el proyecto de ley de financiamiento y por lo visto los ponentes también todo un cúmulo de gabelas impositivas para las empresas, so pretexto de que estas “puedan generar más y mejor empleo”, como lo ha sostenido el presidente Duque. Las mismas se han convertido en inamovibles para el Gobierno.

Tales beneficios y la conveniencia de los mismos no han sido materia de discusión, la cual se ha centrado en el IVA primero y luego en cómo tapar el hueco que el mismo gobierno está abriendo al mantener y ampliar las gabelas impositivas al gran capital. Con razón, a esta reforma tributaria, que se ha disfrazado de Ley de financiamiento, la Anif la ha catalogado con mucha propiedad como Ley de desfinanciamiento.

El ministro de Comercio José Manuel Restrepo al dar por un hecho su aprobación por parte del Congreso, relacionó los siguientes beneficios para las empresas: “se redujo el impuesto de renta de las compañías de 33% a 30%, se les da la posibilidad de descontar 100% de inversiones en bienes de capital para la reconversión industrial, se les descuenta 50% del ICA, se les reduce el impuesto de renta presuntiva desde 1,5% a 0%, cinco años con un impuesto de renta 0% para la industria creativa, 0% de impuesto de renta para el sector agroindustrial durante 10 años y una atractiva propuesta para megainversiones de más de US$300 millones, que consiste en que en vez de pagar 33%de renta tendrán una tarifa de 27%”, además de la depreciación acelerada de los activos, amén de que se les excluye del impuesto sobre la renta presuntiva y se blindan de la posibilidad de que los dividendos lleguen a ser gravados, como también con respecto al impuesto sobre el patrimonio. Y, como si lo anterior fuera poco, se prevé también la deducción del IVA que se pague por la importación, formación, construcción o adquisición de activos fijos.

Y se le escapó añadir que también podrán descontar 50% del 4 X 1.000, contra el impuesto de renta a partir de 2019. Según cálculos de Anif, de aprobarse todos estos nuevos beneficios, que se vienen a sumar a los que ya tienen, los mismos tendrían un costo de $10 billones (¡!), sólo por la deducción del IVA se dejarían de recaudar 0,8% del PIB. Recordemos que, según el estudio “Beneficios tributarios en el impuesto de renta y en el IVA – año gravable 2017” de la Dian, el costo fiscal de las exenciones, deducciones, exclusiones y descuentos tributarios es del orden de los $60 billones anuales, sólo por concepto del impuesto de renta el fisco deja de recibir la bicoca de $13 billones.

Y así, a la chita callando, debate tras debate en el Congreso y en los medios, allí sigue solapadamente la proliferación de beneficios tributarios para las grandes empresas, pues, como lo acota el analista de la Red de Justicia Tributaria Mario Alejandro Valencia, “según Acopi, 52% de las utilidades empresariales está en 0,73% de las empresas. Así que los beneficios serán para menos de 10.000 empresas de las 1,3 millones que hay en Colombia”. Como lo dice el presidente del Comité Intergremial Jorge Humberto Botero, “como regla general son inconvenientes las gabelas sectoriales, en especial si no se las justifica con anterioridad con sólidos argumentos y se omite computar el sacrificio de ingresos fiscales que comportan”. No puedo estar más de acuerdo con Botero, pues ni lo uno ni lo otro se ha hecho y los contribuyentes no pueden tragar entero. Es de anotar, que mientras los mayores ingresos que le reportará a la Nación esta Ley sólo resuelven el déficit del PGN para 2019, en contraste los beneficios para las empresas que se aprueben tendrán un carácter permanente.

Lo aprobado por el Congreso de la República apenas sí alcanzará a solventar el déficit fiscal del año entrante y eso. No sólo no disipa las preocupaciones y advertencias de las calificadoras de riesgo, sino que es de prever que el próximo año por esta misma época estaremos lidiando con otra reforma tributaria para arbitrar los recursos necesarios para seguir saltando matones.

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