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ANALISTAS 14/05/2025

León XIV

Es natural que anunciado el nombre del cardenal Robert Prevost Martínez como nuevo Papa, León XIV, aparezcan multiplicidad de perfiles y escritos que, de manera apresurada, pretenden anticipar los rasgos distintivos del nuevo pontificado.

En esa vorágine de noticias hay interpretaciones semióticas, argumentos geopolíticos, comparaciones, unas necesarias, otras odiosas, y cómo no, rumores, profecías y teorías de la conspiración.

De religión cristiana, católico de confesión, curioso en temas teológicos y de doctrina social de la Iglesia, con recorrido público en el camino filosófico de la masonería, recibo expectante la nueva era que inaugura la Iglesia Católica con León XIV.

En su primera aparición, el Papa León, fiel a su carisma agustiniano, evocó la profunda reflexión de San Agustín, “para vosotros soy obispo y con vosotros soy cristiano”, sugiriendo que goza de plena consciencia de los retos que tiene por delante en materia de comunión espiritual y de la responsabilidad asociada a su envestidura canónica. Igualmente se refirió al tema del mal.

Fue el mismo San Agustín quien definió el mal como deficiencia, ausencia y privación del bien, a fin de no darle entidad y sustancia independiente.

El 15 de noviembre de 1972, el Papa San Pablo VI, en audiencia pública afirmó que “el mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y perversor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa”.

Seguro el Papa León conoce el mensaje de San Pablo VI y hace bien en recordar a su comunidad de fe y a la humanidad en general, que el mal acecha, ya no como deficiencia y expresión aislada, si no como fenómeno que se manifiesta de manera compleja en distintos ambientes personales y comunitarios y a diversas escalas; gran mensaje en medio del laberinto de valores y la torre de babel por la que transita la aldea global.

También es claro que el Papa León, en la vocación sinodal, seguirá trabajando la Iglesia como legado de Francisco; su reciente experiencia como prefecto para el dicasterio de los obispos le da todo entendimiento de lo que está en juego con la sinodalidad.

Al llamarse León, seguramente busca comunicar que mantendrá el legado de León XIII como fundador del pensamiento social de la Iglesia Católica.

En épocas en que algunos sectores creen que lo social es monopolio de las narrativas estadocéntricas colectivistas y otros sectores asimilan lo social, casi que de manera natural, a la resultante de la puja de individualismos radicales endosados a las lógicas mercadocéntricas, el pensamiento social de la Iglesia, promoviendo valores de solidaridad, subsidiariedad, bien común y sostenibilidad, seguirá dando luces esclarecedoras muy necesarias.

Ojalá León XIV la Iglesia logré sintetizar una teología de la solidaridad y del bien común, con vocación ecuménica, que trascienda territorios específicos y evite el manejo instrumental y populista que hacen algunos sectores a la llamada opción preferencial por los pobres.

Hay que esperar a ver si el Papa León XIV quiere establecer, o no, canales de comunicación y diálogo edificante con la masonería. Ni su predecesor en nombre, León XIII, ni en tiempo, Francisco, simpatizaron con esa comunidad. Tal vez la condición de norteamericano de León XIV pueda ambientar un tratamiento menos reluctante a tan espinoso tema.

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