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Analistas 04/09/2021

Cuidar la energía del cerebro

Aldo Civico
Antropólogo y estratega de liderazgo

“Me levanto en la mañana con la mente nublada. Me cuesta enfocarme, ponerle atención a los detalles”, me dijo en estos días un cliente. Hace más de un año, Luis no ha tomado vacaciones y, con la pandemia, ha tenido que enfrentar muchos desafíos, desde una radical racionalización de los gastos, hasta tener que despedir, durante un tiempo, a varios de sus empleados. “No recuerdo la última vez que he dormido por lo menos siete horas”, me dice.

Detrás del agotamiento de Luis, están los síntomas de bajos niveles de energía en la corteza prefrontal de su cerebro. Además, como resultado de las presiones en el trabajo causadas sobre todo por la pandemia, ha desarrollado malos hábitos para la salud cerebral; me dice que está comiendo de manera irregular, encontrando un desahogo en los dulces. Adicionalmente, está tomando hasta diez tintos al día y bebidas energizantes. Me alegra escuchar que ha mantenido la rutina de ir al gimnasio. Pero la combinación de una mala nutrición y del estrés laboral es mortal para la salud del cerebro.

En la columna de la semana pasada, mencioné que la corteza prefrontal tiene una función gerencial fundamental. Sin la corteza prefrontal, seríamos incapaces de ponernos objetivos, de planear y de controlar nuestros impulsos (cómo resistir a la tentación de comer dulces en exceso).

Al mismo tiempo, la corteza prefrontal tiene una reserva limitada de energía. De hecho, sus actividades consumen mucha energía; la corteza prefrontal es como aquellas aplicaciones de nuestro teléfono móvil que consumen rápidamente la batería. Al no ser conscientes de su limitada energía y al sobrecargarla de actividad, llegamos fácilmente a sentir cansancio, desconcentración, irritabilidad, y, finalmente, agotamiento.

Por ende, es fundamental que cuidemos su energía. Despertarse por la mañana, coger el celular, leer mensajes y correos electrónicos, consume mucha energía de nuestro cerebro. Encender la computadora a primera hora de la mañana y responder correos, también genera un desperdicio de energía, que ya no estará disponible para actividades importantes. Entonces, ¿cómo cuidar mejor la energía de esta parte tan importante de nuestro cerebro?

Como lo sugiere el doctor David Rock, en su libro Your Brain at Work, se trata de priorizar las actividades más importantes, dedicando a ellas los mejores momentos del día, es decir donde tenemos más energía, por lo general en la mañana. Además, utilizando métodos de productividad como la Técnica Pomodoro, hay que planear momentos de trabajo intenso y enfocados, evitando cualquier distracción, con pausas para descansar. Finalmente, el ejercicio y una sana alimentación facilitan el buen funcionamiento de la microbiota que, a su vez, influencia la energía vital de nuestro cerebro. El alto rendimiento es el resultado de un enfoque integrado, que tiene en cuenta también las necesidades fisiológicas de nuestro cerebro.