Analistas 03/10/2020

Cambio de conciencia

En las mañana suelo escuchar la radio mientras me tomo un café. Como antropólogo, me deleito detectando patrones de pensamientos que los profesionales de la opinión o sus invitados transmiten al aire.

El ejercicio me parece aún más interesante ahora, ya que muchas personas perciben que el país está pasando por un periodo de confusión y desorientación. Los intereses de las partes aplastan al interés para el bien común, y hoy parece imposible el ejercicio de encontrar consensos fundamentales y acciones coordinadas. El odio que alimenta a la polarización, además, impide la unidad de los opuestos y solo profundiza la brecha entre ellos.

Esto lleva a crear en nuestras mentes una proliferación de enemigos. Es como si este país solo lograra profundizar su historia de fragmentación sin tener la capacidad, y quizás la voluntad, de revertir su pasado sino de perpetuarlo. Lo cierto es que colectivamente no se están logrando los resultados necesarios y deseados.

Pero detrás de las acciones y de los comportamientos existe un pensamiento que, a su vez, es expresión de los mapas mentales que nos orientan en la vida. Por definición, el mapa no es el territorio sino una abstracción que conlleva necesariamente simplificaciones, exageraciones y omisiones. Podríamos decir que los mapas mentales crean la realidad y que la realidad refleja nuestros mapas mentales.

Las profundas brechas y desconexiones que hoy enfrentamos en los ámbitos ecológico, social, económico y hasta cultural y espiritual son el resultado de nuestros mapas mentales. Pero deberíamos tomar conciencia y reflexionar que estos mapas mentales ya no son adecuados para enfrentar nuestros desafíos; radican en experiencias del pasado y lo perpetúan en el presente.

Pienso que no se trata de negociar entre mapas distintos o solamente de enriquecerlos a través del diálogo y de una comprensión recíproca que ha sido, por ejemplo, la práctica de muchos ejercicios de resolución de conflictos en todo el mundo. Pienso que la profundidad y la amplitud de las brechas requieren hoy una transformación de nuestros mapas.

No se trata de mejorar, reformar o hasta de hacer cosas nuevas; más bien se trata de hacer nuevas las cosas. En otras palabras, hoy necesitamos un cambio de consciencia.

Esto nos lleva también a tener que repensar los paradigmas de liderazgo que nos han gobernado hasta el momento, incluso el liderazgo empresarial. Formar un liderazgo consciente significa hoy desarrollar un liderazgo generativo que opere desde mapas mentales actualizados y adecuados que no solo se enfoquen en las partes (a la cual lleva una mentalidad de silos) sino que vea, sienta y se conecte con las relaciones entre las partes y con el todo.

El primer paso es volvernos conscientes de la insuficiencia de nuestros modelos mentales e interrumpir los patrones de pensamiento y comportamiento que siguen produciendo más de lo mismo. En el fondo necesitamos una transformación de nuestras identidades. Como decía Gandhi, tenemos que ser el cambio que queremos ver en el mundo.