Analistas

Se complicaron las perspectivas inflacionarias

El dato de inflación de septiembre de 2015 cayó como un vaso de agua helada en la tecnocracia de Colombia, y en los mercados en general. Que la inflación mensual de septiembre se hubiera incrementado más de cinco veces por encima de la tasa esperada por el mercado comprobó dos cosas: la primera, que el famoso “pass-through” de la depreciación del COP a la inflación no es tan bajo como se estimaba hace apenas unas semanas (yo mismo seguía pensando que el incremento de la inflación iba a ser relativamente acotado), y, segundo, que efectivamente el Fenómeno del Niño está generando estragos muy importantes dentro del equilibrio monetario del país.

El problema es que la cuestión se puede poner aún más complicada en los meses siguientes si uno juzga por el comportamiento que está mostrando, por ejemplo, el costo del mega watt en la Bolsa de Energía (se ha disparado y ya hay analistas pronosticando la posibilidad de que hayan racionamientos). El punto es que las empresas del sector eléctrico obviamente leen las noticias, y están tratando de organizar sus operaciones bajo el supuesto de que la sequía se mantendrá por bastante más tiempo al esperado por los expertos. Según me cuentan los que saben, la falta de lluvia ha volcado la generación hacia las termoeléctricas, y ese hecho obviamente va a generar incrementos importantes en los costos de operación de la matriz energética del país.

La situación actual es complicada porque las expectativas inflacionarias se han incrementado fuertemente, que viene siendo lo mismo que decir que se ha perdido parte del “anclaje inflacionario” del que disfruta el país. Por ejemplo, el cálculo de la inflación implícita a diferentes puntos en el futuro ya está mostrando que los mercados están “asumiendo” hoy en día que la inflación se mantendrá muy por encima del rango del Banco Central en el mediano plazo (4,8% para el cálculo de 2017 y 4% para la estimación de 2025). Desafortunadamente, la solución al problema inflacionario actual no es tan sencilla. Como todo en la vida y en la economía, habrá costos atados a la necesidad de revertir el deterioro de la situación inflacionaria actual.

En Bulltick ya estamos pronosticando que el Banco de la República se va a ver obligado a subir las tasas de interés de intervención hasta 5,75% para mediados de 2016, para de esa forma poder estabilizar las expectativas de mercado y así no poner en riesgo todo el trabajo de “generación de credibilidad” que se ha logrado después de tanto tiempo y esfuerzo. No habría peor error de política económica que decidir no subir las tasas de interés y controlar la excesiva depreciación del USDCOP por el interés de no afectar el crecimiento económico de corto plazo o dejar de inflar el recaudo fiscal actual (como sabrá el lector, subir las tasas de interés muy posiblemente disminuirá el interés de los consumidores de endeudarse incrementalmente, pues endeudarse costará más).   

Una de las mayores razones por las cuales Colombia se diferencia de sus pares latinoamericanos menos serios es la percepción que tienen los mercados internacionales sobre la seriedad de las autoridades monetarias. Colombia está a la par de México y Chile en cuanto a la credibilidad que tiene el Banco Central para con los agentes del mercado. Esa credibilidad asegura que la demanda de dinero se mantenga estable en el tiempo, y por ende, que la inflación se mantenga anclada. Esa credibilidad hay que defenderla a rajatabla, por el bien de las clases menos favorecidas.