Analistas

“Peak Oil?”

La Revista The Economist publicó en su última edición extensos artículos que discuten el futuro de la industria petrolera a nivel mundial. Los argumentos y las conclusiones que presentan los artículos en cuestión dejan un sabor preocupante para los países productores de petróleo.
 
Según The Economist, a pesar del hecho que en los últimos años cerca de 40% de la población del mundo se ha “compenetrado” con la economía globalizada, con la entrada oficial de la China y de la India a la economía internacional de mercados, las perspectivas no son halagadoras para los países productores de petróleo. The Economist hace hincapié en el hecho de que la demanda de petróleo está disminuyendo en los países desarrollados a una velocidad significativa. Como se puede concluir una vez uno analiza las cifras que publican entidades como la Organización Mundial de Energía o la petrolera British Petroleum, la demanda de petróleo en el mundo desarrollado está cayendo a tasas anualizadas de, aproximadamente, 1,25%. Por ejemplo, la demanda de petróleo de EE.UU. ha pasado de 20.68 millones de barriles diarios en el 2007 a la tasa actual de 18,9 millones de barriles diarios (2012). En el caso de Europa y Eurasia, la demanda de petróleo ha pasado de 20 millones de barriles diarios en  2009 a 18,8 millones de barriles (2012).   
 
Según The Economist, esa disminución del consumo de petróleo no es atribuible solamente a la crisis financiera, sino a los importantes avances tecnológicos que se han visto en los países desarrollados, avances que han logrado incrementar la penetración de energías alternativas y del gas natural dentro de las respectivas matrices energéticas. Lo interesante es que esos avances de la tecnología del transporte y de la generación de electricidad también se están trasladando al mundo emergente, pues la revolución del ecologismo no es solamente un fenómeno del mundo desarrollado. The Economist resalta, por ejemplo, la reciente implementación de unas reglas estrictas en la China para forzar a las compañías automotrices a incrementar el kilometraje por galón que deben lograr los vehículos que se venden en ese país. 
 
Los artículos de la revista The Economist no se atreven a predecir si estamos ad-portas de una caída fuerte de los precios del petroleo. Me parece que es una sabia decisión de la revista, pues hay pocas cosas más complicadas que pronosticar los precios de los commodities y, especialmente, el petroleo. Pero el mensaje que si me parece muy valioso de esta serie de reportajes es que quizás ya hayamos llegado al límite máximo de la adicción del mundo por el petróleo. Y este hecho es extremadamente relevante para Colombia.
 
¿Qué debe o puede hacer Colombia al respecto? Pues la verdad nada específico en cuanto a lo que tiene que ver con la industria petrolera en sí. Las fuerzas del mercado dictarán el futuro de esta industria, y no hay nada que ningún líder político pueda hacer para influenciar esta matriz para un lado o para el otro. En donde si se debe actuar es en minimizar los posibles efectos colaterales que pueden tener los cambios futuros en la economía colombiana. 
 
¡Y cómo nos preparamos para lo que nos puede traer el futuro, preguntará el lector? Pues muy sencillo: aprovechando los buenos tiempos para alistarse para los posibles futuros malos tiempos. Por eso la necesidad de que la clase política se ponga de acuerdo ya mismo para pasar una reforma a la justicia que le dé garantías al sector privado para invertir en nuevos proyectos productivos. Por eso la necesidad de des-sindicalizar la educación en Colombia, para que los niños crezcan admirando a los emprendedores y no odiándolos, y por eso la necesidad de metérsela con toda a mejorar la infraestructura física del país, ya que hoy hay capacidad fiscal para hacerlo.