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No es cuestión de ser aguafiestas…

El Banco de la República tomó la decisión de incrementar las tasas de interés de intervención el viernes pasado, subiéndolas a 5,25% nominal (desde el 5% anterior). Como era de esperarse, la desinformación, el interés de confundir, y en algunos casos la total ignorancia sobre el funcionamiento de la política monetaria, se apoderaron de muchas apreciaciones públicas sobre la decisión.

Por ejemplo, leí en Twitter cualquier cantidad de comentarios criticando la decisión y en las cuales se implicaban cosas tan absurdas como que el Banco Central subía las tasas de interés con la intención de ayudarle a los bancos privados a ganar más dinero. Otros personajes comentaban que el Emisor había subido las tasas de interés para "acabarle" el negocio a los exportadores. Preocupa que algunos que si entienden la complejidad de la política  monetaria tomen la decisión maquiavélica de desinformar de la forma en que lo hacen, pues muchos compatriotas no tienen la capacidad de entender conceptos tan complicados como la relevancia social de tener unas expectativas inflacionarias ancladas a un nivel cercano al objetivo de política de largo plazo. En todo caso, ante semejante nivel de desinformación, solo queda la opción de contrarrestar los argumentos errados con las explicaciones pertinentes.

El Banco Central no decidió subir las tasas de interés para acabar con la reactivación económica, como argumentan algunos. Lo que hizo el República fue tratar de disminuir un poco la aceleración de la reactivación, para evitar que la economía sufra un accidente. Me explico: la economía es como un automóvil, y existen unos automóviles que son mejores que otros. La economía de la China es como un Ferrari, pues esa economía puede crecer a tasas por encima del 8% sin generar inflación, de la misma forma como un Ferrari puede andar a 250km/hora por muchas horas sin que se recaliente el motor. La economía de Colombia es como un Volkswagen Gol, implicando que es una buena economía (porque los Volkswagen son buenos carros), pero un Volkswagen Gol claramente no puede andar a 250 km/hora por muchas horas, pues el motor eventualmente estalla.

El objetivo del Banco de la República al subir las tasas de interés es evitar que explote el motor del Volkswagen, pues la economía de Colombia continúa creciendo por encima de su potencial en este momento. Ahora, cual es la razón por la cual Colombia es un Volkswagen y China es un Ferrari? Muy sencillo: Porque China invierte más del 40% de su PIB todos los años, y Colombia solo invierte el 28%. Para que Colombia se vuelva un Ferrari, el país tendrá que, entre otras cosas, subir su tasa de inversión al 40%. Si lo logra, en ese momento el Emisor no tendrá que "preocuparse" cuando la economía crezca por encima del 6-7% anualizado. Pero, a pesar de las mejoras estructurales que se han visto en el país desde el inicio de la década pasada, la economía de Colombia aún no es comparable a la de China.

Una de las principales razones por las cuales el Banco subió las tasas de interés tiene que ver con el hecho de que el crédito está creciendo a 2,5 veces la velocidad de crecimiento del PIB nominal. Esto en español quiere decir que el crédito está creciendo por encima de lo que se justificaría en el momento actual del ciclo económico, donde Colombia está cercana a llegar al pleno empleo, y donde los precios de la finca raíz están en máximos históricos. Ahora, cual es el problema de que el crédito crezca muy rápido? Muy sencillo, que si llega a haber algún problema económico o financiero en el futuro cercano, entonces muchos consumidores o empresas no podrán pagar sus deudas. Y esto implicaría que la cadena del crédito colapsaría, de la misma forma como colapsó en Colombia durante la crisis del 99, o como colapsó en EE.UU. después de la quiebra de Lehman Brothers.

El Emisor está actuando en una forma muy responsable. Es mejor estabilizar el crecimiento en un nivel sustentable, a tener que lidiar con las secuelas de una eventual crisis financiera. No es cuestión de ser aguafiestas. Es cuestión de "medirse" para evitar que la fiesta se descarrile.