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Documentales, separatas, noticias, webinars, posgrados, redes sociales, podcasts y muchos titulares sobre sostenibilidad han surgido tras la pandemia, pero no se trata de una moda pasajera. Estamos ante una innegable transición global de los actuales modelos económicos y tarde o temprano las organizaciones tendrán que rediseñar sus planes de negocio para estar alineados. Sin embargo, vale la pena adelantarnos a las circunstancias e ir un paso adelante de las regulaciones, que poco a poco se irán endureciendo en favor del medio ambiente y la sociedad, lo cual nos dará una verdadera ventaja competitiva.
Por eso, hoy quiero aportar ideas que nos permitan iniciar o fortalecer nuestras acciones o buenas prácticas socio ambientales, y cómo comportarse de manera ética y responsable en un momento en que como sociedad justamente buscamos eso: valores corporativos genuinos, que deberían convertirse en el “deber ser” de las organizaciones y los consumidores, quehoy son vistas como simples estrategias de mercadeo para marcar una ventaja competitiva. Es cuestión de buena voluntad.
Cada organización tiene un propósito y una forma particular de hacer las cosas, pero cada uno desde sus posibilidades puede inspirarse o servirse de estos ejemplos para orientar sus buenas prácticas socio ambientales y descubrir el emocionante mundo de la sostenibilidad.
1. Elaborar un listado sobre el consumo de energía, agua y materias primas con sus cantidades mensuales y anuales para establecer metas de reducción e ir midiendo el desempeño poco a poco.
2. Digitalizar procesos y documentos como facturas, informes, contratos y compartir archivos en la nube con compañeros para ahorrar papel, energía, tintes y tiempo. Fácil ¿no?
3. Buscar proveedores comprometidos socio ambientalmente y de origen local.
4. Evaluar los materiales POP, de empaque y embalaje para entregas y optar por el ecodiseño.
5. Hacer esa lista de insumos de los cuales podemos prescindir sin afectar nuestros procesos claves, de aquellos que podemos usar una y otra vez, y pensemos en la disposición de desechos que ya no podemos agotar más pero que quizás a través del reciclaje tome vida en otras industrias.
6. Eliminar los plásticos de un solo uso en oficinas, plantas o puntos de venta. Promover entre los colaboradores llevar el agua en un termo o botella de vidrio. Disponer de dispensadores o lugares en los que puedan recargar su bebida. Cambiar los vasos desechables para el café o las aromáticas por reutilizables.
7. Si tu huella de carbono es alta debido al tipo de industria, equilibrar o compensar con la siembra de árboles. Existen organizaciones dedicadas a esto.
8. Emprender una buena causa social o ambiental. Incluso al interior de la organización.
9. Establecer una campaña de comunicación interna sobre los valores y el propósito corporativo para dar a entender a los colaboradores el porqué se realizan todas estas actividades sostenibles y se conviertan en promotores de las iniciativas.
10. Lo bueno hay que contarlo, el consumidor moderno estaría feliz de saber que apoya una marca responsable social y ambientalmente.
A estas y otras acciones me refiero cuando hablo de sostenibilidad en la práctica, sin necesidad de sellos, certificados ni papeleos.
A estas y otras acciones me refiero cuando hablo de sostenibilidad en la práctica, sin necesidad de sellos, certificados ni papeleos. Son acciones éticas que realmente no implica sobrecostos para la organización y que a largo plazo puede incluso bajar los mismos. ¡Reflexionemos!
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