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Analistas 09/12/2020

Mundo utópico de las algas rojas

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking

Muchos son los discursos distópicos mediante los cuales nos han querido inyectar el “bicho” de la sostenibilidad. Pensamos además de manera errónea, que la sostenibilidad es solo naturaleza, verde y ecología gracias a estos mensajes apocalípticos que solo nos muestran destrucción y caos, a los que ya nos acostumbramos y no les tenemos miedo, pero que nos impiden tomar acción.

De la misma manera, los avances tecnológicos nos han vuelto una sociedad tecno optimista que ve en la tecnología la tabla salvadora para todos los problemas socio ambientales, y pocas son las personas que realmente han empezado a actuar para aliviar no solo al planeta sino aportar al desarrollo social y a un crecimiento económico circular, que busque generar una riqueza más equitativa donde las actuaciones y consumo actuales no comprometan la sostenibilidad de las futuras generaciones.

Cerros de botellas plásticas que desbordan la capacidad de los océanos; suciedad y desorden, es lo que actualmente nos muestran quienes buscan un cambio de comportamiento del consumo de estos elementos. Información que desafortunadamente ya no funciona y nos impide actuar. Poco se entiende que al producirlos como se hace actualmente estamos gastando recursos naturales que no son infinitos y que la capacidad de resiliencia del planeta está en manos de nosotros.

Parte de la problemática actual es que las botellas tardan más de un siglo en degradarse y que muchas van a dar a los océanos no solo afectando la temperatura y acidificación sino que dentro de ellas quedan atrapadas varias especies marinas que empiezan a desaparecer, afectando con esto la biodiversidad.

Nace una alternativa de botella llamada Agari, hecha de agar, sustancia gelatinosa que contienen las algas rojas convirtiéndola en un material 100% natural y biodegradable, que mantiene su forma, y vacía comienza su proceso de descomposición. La podemos desechar, compostar o simplemente comer. Este envase logra deshacerse por completo sin dejar residuos. Vacía pierde su estructura y si por alguna razón va al océano su forma reducida no atrapa a las criaturas marinas quienes además pueden consumirla por ser elaborada a base de algas rojas.

Un reciente informe publicado por la revista Semana anuncia que Colombia ya ha consumido todos sus recursos naturales. Silvia Gómez, directora de Greenpeace Colombia, lo señala tras analizar el informe anual de la plataforma Earth Overshoot Day que muestra al país en situación de “sobregiro ecológico”. Pero para una sociedad como la nuestra ¿qué significa esto? En la práctica y sin ser catastróficos, simplemente acudiendo a un sentido estrictamente matemático, significa que si todos los países del mundo siguieran los mismos patrones de consumo que nosotros, los recursos medioambientales ya se hubieran acabado a mediados de septiembre de 2020.

Ante estas cifras es complejo plantear mensajes positivos y alentadores, ahora más necesarios para buscar un cambio, y en especial en nuestro país que por años ha vivido bajo un modelo económico lineal, cuyos intereses priman sobre el planeta y la sociedad.

Es necesario que quienes estamos al frente de las comunicaciones organizacionales comencemos a recrear escenarios llenos de optimismo, promoviendo proyectos como estos que nos invitan a soñar que sí es posible habitar un planeta mejor, sin esperar a que lo resuelva la tecnología o el gobierno y responsabilizándonos de lo que nos corresponde como sociedad para dejar a nuestros hijos un lugar mejor para vivir. Esperemos que este proyecto florezca.