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Analistas 29/05/2021

Del reciclaje del PET a telas

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking

¡Algo mágico sucede cuando reciclamos! El poder de la transformación del plástico desechado hace de este mundo un lugar más sostenible, siendo cada uno un actor importante.

Quizás porque hemos perdido capacidad de asombro no logramos ver que reciclar no es lavar la botella, rellenarla de agua y punto. La economía circular otorga a los consumidores tres “erres” que nos regalan el poder de pensar antes de “echar a la basura” y cambiar el rumbo de los desechos para ser aprovechados y reducir el consumo de recursos naturales no renovables. Hay tres caminos a seguir después de usar la botella y evitar el “mal camino”: 1. reducir el consumo de plástico, 2. reutilizar la botella, y 3. reciclar la botella, siendo este el último por el que debemos optar de los tres, ya que es el proceso menos “sostenible”, pero al fin de cuentas más funcional que tirarla a la basura porque ésta va a vertederos y al mar, la consumen los peces y aquellos microplásticos vuelven a nosotros en los alimentos, generando problemas de salud, al ecosistema marino y al medio ambiente.
Cuando depositamos la botella plástica en la caneca blanca, en la que en nuestro país se destina para “reciclables aprovechables”, es reciclada y usada de muchas maneras favoreciendo la generación de empleo para recicladores, el nacimiento de nuevos emprendimientos sostenibles y por supuesto al planeta.

Una decisión que toma un segundo, pero que puede cambiar tantas vidas y que está en nuestras manos. Investigar todo lo que pasa cuando desechamos adecuadamente; puede ser sorprendente. Se trata de una cadena llena de eslabones de oportunidades que se abre espacio entre toneladas de lo que siempre hemos visto como “basura”, y es donde quizás ha estado la falla. Comerciales y movimientos ambientalistas cargados de mensajes apocalípticos nos metieron la idea a la cabeza de que todo es malo con el plástico haciéndonos sentir impotentes ante la magnitud del problema, paralizados ante las imágenes de ríos de botellas y vuelto tecno optimistas, esperando que el cambio lo den las futuras generaciones o quizás se dé un salto tecnológico que nos saque de repente del problema.

Cosas maravillosas suceden tras el reciclaje; podemos vestir una prenda elaborada a partir de aquella botella plástica que meses atrás desechamos en el lugar adecuado, increíble ¿no?, es cuestión de actitud.

Ahora, ¿cómo estamos haciendo la disposición de desechos? ¿Conocemos el código de colores del Ministerio de Medio Ambiente de Colombia? ¿Lo hacemos a conciencia? Tenemos dos opciones: ser agentes contaminantes, o ser agentes sostenibles, para lo cual no se requiere de un esfuerzo increíble ni agotador.

La sostenibilidad es una cadena larga que se crea a partir de muchos eslabones construidos con cada uno de nuestros actos. La botella desechada en aquella caneca blanca podrá ser el insumo básico de prendas para ir a la playa. Así se estará generando empleo local a recicladores, emprendedores, disminuyendo la huella de carbono al no tener que importar telas, quizás desde países en los que se desafían los derechos de las mujeres o los niños y se contamina.
El proceso de convertir el PET a telas es asombroso y lo que impacta socio ambientalmente es aún más. El poder está en nuestras manos.

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