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ALTA GERENCIA “Un verdadero empresario no debe vivir de apariencias”
sábado, 1 de noviembre de 2014
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Camilo Giraldo Gallo - cgiraldo@larepublica.com.co

El periodista Hollmann Morales tiene 33 años de experiencia en el trabajo de informar, y en este tiempo ha sido testigo de historias de personajes que a punta de trabajo fuerte han construido imperios empresariales.

Hace algunos años publicó ‘A puro pulso’, un libro en el que relató la vida de los fundadores de Taxis Libres, Colchones El Dorado, Carrocerías El Sol, entre otros. Ahora lo vuelve a hacer con ‘A puro pulso 2’, en el que se mete con otros más contemporáneos como Bogotá Beer Company, Totto, Frisby o Andrés Carne de Res.

En entrevista con LR, Morales habló sobre lo que ha aprendido de contar estas historias y lo que necesitan los emprendedores para tener éxito.

¿Cuál de las historias del libro le parece más ejemplar?
Todas tuvieron para mí similar impacto, por esa razón les puse alma, vida, corazón y sombrero. No hay uno solo que desentone ante los demás. Tal vez me identificaría (no lo consideraría el mejor) con Andrés Jaramillo, porque viví esa generación de desesperanza y de no saber uno qué hacer, para dónde coger, hasta que se nos fue apareciendo la Virgen, a cada uno en lo suyo.

¿Cuáles son las tres reglas que debe tener en cuenta todo emprendedor en Colombia?
Más que reglas, digamos que son pautas a seguir, porque independiente de la clase de línea de comercio o de servicios que se escoja, es muy pero muy importante, que la familia crea en uno, que lo apoye, que le preste su colaboración y si se involucran en el negocio, mejor. Segundo, a estas alturas del partido se hace necesario estudiar, aprender inglés, prepararse para sortear vicisitudes y retos del mundo moderno. Ya no se puede improvisar ni jugársela, porque el truco de que con cara gano yo y con sello pierde usted, está devaluado. Y por último, hay que acumular experiencias, ver cómo es el comportamiento de la competencia, idear nuevas formas de salirle uno adelante y al paso a quienes están en la carrera del triunfo. Y hay otra no menos valiosa, la constancia.

Cerca de 80% de los emprendimientos en Colombia fracasan antes de cumplir cinco años. ¿Qué han hecho estas empresas de las que usted habla para tener éxito?
Cuando se habla de éxitos pasajeros, se alude a que las cosas no fueron lo suficientemente proyectadas ni se basaron en hechos concretos, reales y estudiados, sino a quedarse solo colgado del azar, la buena suerte y eso de que Dios proveerá. Hay que ser muy exigentes y autoexigentes, trabajar de cinco de la mañana a 11 de la noche, estar bien informado del gremio al cual uno ha decidido pertenecer y vivir con los sentidos en acción.

Hay ejecutivos que han empezado su vida profesional ya en altos cargos, ¿qué lecciones pueden sacar ellos de estas historias de compañías que se hicieron a puro pulso?
Mire, no sé de dónde salió que un ejecutivo es un tipo bien vestido con ropa de marca, auto costoso e importado, que frecuenta cierto círculo social, gasta a manos llenas, se envanece por salir en la sección de Sociales, se hace amigo o al menos conocido de gente más poderosa que él, y con eso creen tener el futuro asegurado. Un verdadero empresario que quiera tener su ‘full cambuche propio’, debe trabajar mucho, no vivir de apariencias, estar en función creativa. Más vale solo que mal acompañado, aunque es obvio que el equipo de trabajo que cada quien escoge, es fundamental.

¿Cuál de las estrategias empresariales de estas compañía es la que le pareció más graciosa o peculiar?
Una muy curiosa es la que estila Alonso Orjuela, de Surtifruver, quien no invierte gran cosa en publicidad porque, según él, es mejor hacer ese gasto de otra manera: haciéndoles obsequios a los clientes de los puntos de venta, a través de la ñapa. Eso le parece más efectivo.

¿Qué puede encontrar una persona leyendo su libro?
Una puerta para salir de la inopia, para esos momentos en los que no sabe qué hacer con su vida económica. Esta es una puerta para salir del estancamiento económico y de la realización personal.