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Analistas 08/05/2024

¿Qué tan felices nos harán las reformas de Gustavo Petro?

Jorge Enrique Sáenz Castro
Asesor del DNP y profesor Esap

Tras el reciente cierre de la Feria del Libro, donde se pudo apreciar una variedad de obras de gran relevancia, destaco especialmente el libro “Macroeconomía en Contexto”, escrito por Jorge Iván González, exdirector del DNP, Jaime Villamil, economista y matemático, y Jorge Sáenz. Esta obra, a mi parecer, es de gran relevancia por su valor didáctico en la enseñanza de la macroeconomía, especialmente en las diferentes escuelas de pensamiento, como la keynesiana y la neoclásica. Además, invita a pensar y dudar sobre la validez de los conceptos antes de utilizar las herramientas, desmitificando algunos de ellos y demostrando los límites conceptuales y prácticos de las teorías y su evolución.

Uno de los capítulos que más destaca en el libro es “Felicidad y Macroeconomía”. Este capítulo merece una mirada especial, especialmente teniendo en cuenta las circunstancias actuales por las que está atravesando Colombia. En él, se deja claro que la macroeconomía tiene la noble tarea de contribuir a la búsqueda de la felicidad. Señala que el camino no tiene por qué estar lleno de sudores y lágrimas, y que la felicidad no se puede posponer. La construcción de un mañana mejor comienza con el disfrute del presente.

Desde esta perspectiva, se podría afirmar que los instrumentos de la política económica, como una política fiscal expansiva o la lucha contra la inflación, no tienen sentido en sí mismos; son relevantes únicamente si contribuyen al logro de la felicidad y la buena vida. La felicidad debe estar en el centro de la teoría económica, siguiendo las ideas de economistas como Easterlin, Amartya Sen, Rawls y Adam Smith.

Las reformas sociales propuestas por el presidente Petro, especialmente en los sistemas de salud, pensiones y laboral, son un buen termómetro para evaluar cómo las políticas macroeconómicas impactan en la búsqueda de la felicidad y el bienestar de los colombianos.

La propuesta de devolver la salud al sector público podría tener consecuencias desastrosas para las finanzas del Estado. Actualmente, el gasto en salud ronda los $90 billones, y con esta reforma, se espera que este costo se duplique. Además, existe el riesgo de que la calidad de los servicios de salud sufra un deterioro significativo, lo cual sería especialmente preocupante considerando la experiencia previa de los colombianos con el antiguo Instituto Colombiano de Seguros Sociales.

En cuanto a la reforma pensional, sería extremadamente riesgoso dejar la administración de los fondos de pensiones exclusivamente en manos de Colfondos. Esto se vuelve aún más angustiante si consideramos la volatilidad de las finanzas públicas colombianas, que se ven afectadas continuamente por déficits fiscales, endeudamiento público y el incumplimiento de reglas fiscales.

Por último, la reforma laboral resulta alarmante, ya que se enfoca exclusivamente en la reducción de los costos laborales, sin abordar otros aspectos igualmente críticos como las brechas salariales regionales, los costos financieros, la geografía y las economías de escala.

Por lo tanto, la gran pregunta es si estas reformas, concebidas como mecanismos de instrumentación económica para ajustar los sistemas sociales, realmente conducirían a la felicidad. Parece que la única persona que obtendría una sonrisa de oreja a oreja sería el presidente Petro, quien vería cumplido su sueño de llevar a Colombia a una situación similar a la de Argentina y Venezuela.

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