jueves, 21 de marzo de 2019

Antes del inicio en forma del llamado “fenómeno de El Niño”, este año, más de 400 municipios de Colombia ya están presentando problemas de sequía y de racionamientos.

Rodrigo Marín

En el Día Mundial del Agua, este 22 de marzo, es necesario recordar las múltiples y preocupantes calamidades registradas en el mundo en las dos últimas décadas y casi todas ellas relacionadas con las corrientes hídricas y que han transformado la vida de las comunidades y países afectados por estas tragedias.

Por ejemplo, para Colombia, la sola presencia de inundaciones y sequías dentro del régimen natural (alternancia climática) y la falta de un manejo racional, también han socavado igualmente la economía de muy diversas maneras.

Pese a que el país tiene una importante riqueza hídrica, como la lluvia anual continental aproximada de 3.000 milímetros y que alimenta los distintos cuerpos de agua como ríos, ciénagas, humedales, un tercio del país registra problemas de suministro y sequía. Es una enorme paradoja.

De momento la periferia de las grandes ciudades, el campo y la ruralidad permanecen sedientos y en una lucha fratricida y permanente por retener un poco de agua.

En muchos de los casos, el avance de los fenómenos, está relacionado con la transformación lenta pero perseverante del clima global, fenómeno que ratifica cada vez de manera incuestionable: la “Variabilidad Climática”, es decir una combinación de bajas precipitaciones y de elevadas evaporaciones en diversas regiones del país, acarreando la disminución en la cantidad de agua de páramos, ríos, ciénagas y acuíferos. El resultado, que depende de su probabilidad de ocurrencia, son unos 400 municipios en pleno desabastecimiento hídrico, claro ejemplo de fenómenos como “El Niño”, desde finales e inicio del presente año.

Además, se presenta también el avance de la contaminación del agua, cada vez más activa y progresiva en toda la geografía nacional. Los nuevos asentamientos inteligentes, con una visión de futuro sostenible y que tengan en cuenta los grandes y vertiginosos cambios demográficos, requieren de novedosos esquemas e infraestructuras (una óptima red de plantas de tratamiento, un manejo eficaz de los drenajes ácidos de la minería, una separación de las aguas lluvias y del alcantarillado, etc.) para activar el reciclado del agua usada. Es imposible seguir aceptando los usos y el manejo del agua sin una eficaz recuperación de las aguas usadas.

Por lo tanto, es apremiante el estudio de los propios flujos físicos del agua y que tengan en cuenta las nuevas propuestas de lo que se denomina un Metabolismo Hídrico, dentro de un nuevo marco de análisis para gestionar la “demanda” de agua mediante la incorporación del estudio de los flujos de Agua Virtual como de la Huella Hídrica.

En consecuencia, es muy importante cada vez distinguir con mayor precisión entre el verdadero significado existente entre una “escasez física” y una “escasez social” del agua, concibiendo en la primera, la ausencia de lluvias en una región determinada y en la segunda, la escasez emanada de una inadecuada gestión del recurso hídrico.