viernes, 11 de diciembre de 2020

En medio de la situación todos debemos aprender permanentemente, es en estos momentos donde transformamos nuestro presente, pero sobre todo nuestro futuro

Juan Manuel Castro

A lo largo de mi trayectoria trabajando en proyectos de innovación con grandes corporativos hemos identificado que los insights y aprendizajes que generan acción y resuelven las necesidades de la mayoría llegan de los lugares y momentos menos esperados, pero sin duda no me imaginé que iba a aprender tanto de alguien que oía a la distancia a través de las clases virtuales de mi hijo.

Un día entre las primeras clases virtuales del regreso al Colegio Hacienda Los Alcaparros escuché algo que me llamó la atención, no solo por el tono que usaba el profesor, sino por la reacción que tuvo mi hijo al entrar a la sesión. Era un tono mágico, un poco loco, era el Sombrerero de la historia de Alicia en el país de las maravillas traído a esta realidad.

Me llamó la atención que era la clase de educación física y no aguanté, me acerqué en repetidas ocasiones a ver al sombrerero, su escenario y las caras de los otros alumnos. Ese momento fue increíble como si me transportara a ese momento en el que por primera vi algo mágico como el circo.

De un momento a otro el Sombrerero les pide a los estudiantes, que ya están envueltos en la magia de su sesión, que trajeran una hoja de papel, esto sonaba extraño, pero dadas las circunstancias me pareció normal. Pidió que pusieran la hoja en el piso y que la patearan hasta el cuarto. La hoja se transformó en un balón, un balón controlado, un balón que no hace daños y que explora toda la energía de los niños, la hoja flotaba, se retorcía y buscaba dónde esconderse solo para que la persiguieran incansablemente.

Las siguientes clases fueron aún más sorprendentes, aparecieron piratas, gladiadores, príncipes, mi hijo construía castillos de almohadas, caminos de zapatos, cuerdas flojas con escobas, pero lo más interesante era la cantidad de energía que generaba y el ejercicio que mi hijo hacía en la sesiones.

Todo esto me llevó a tratar de contactarlo para hablar con él y aprender tal cual como hacemos en cualquier proyecto de innovación, pero esta vez motivado por una persona que impactaba la vida de mi hijo y por ende la mía y que seguro tendría mucho que enseñar.

Entrando más en materia de su aprendizaje e innovación le pregunté cómo se le había ocurrido disfrazarse y de dónde saca esas ideas locas.

Él se reía y me contó que cuando era niño le encantaban las historias, pero que además tenía esa costumbre con sus hijos de leer historias antes de dormir o de actuarlas. Le pregunté cómo lo afectó el reto de dar clases virtuales y me respondió muy tranquilo que no lo veía tan grave, que era una oportunidad y un reto personal y social.

Finalmente, me dijo que todos somos educadores y yo lo complementaria con que todos debemos aprender permanentemente, es en estos momentos donde transformamos nuestro presente, pero sobre todo nuestro futuro.

*Fundador y director Mindhack