jueves, 5 de septiembre de 2019

Todo proceso de toma de decisiones implica escoger entre varias opciones y en la práctica, la distinción entre lo que está bien y lo que está mal no siempre se presenta de una manera evidente.

Mima Peña Fajardo

Cada vez que en clase de Sostenibilidad Empresarial abordamos el tema de la ética y de la importancia de que las organizaciones se comporten correctamente, surgen los mismos interrogantes: ¿qué exactamente es comportarse correctamente? ¿quién determina lo que es un “buen comportamiento”? ¿y si lo que es ético para unos, no lo es para otros? ¿y si comportarse éticamente perjudica a la mayoría? ¿tiene la empresa una ética propia o es ésta la suma de la ética de las personas que la conforman?

De entre las complejas definiciones de ética, Aldo Leopold dice que es: hacer lo correcto cuando nadie te está mirando y no hacer algunas cosas que sabemos que están mal así sean legales. Y ante dilemas éticos existen diferentes enfoques teóricos que ayudan a dar soluciones. Por ejemplo, el Utilitarismo postulado por Jeremy Bentham sostiene que la ética implica escoger la opción que producirá más bien o causará menos daño; mayor felicidad para mayor número de personas. Otros enfoques sostienen que es el bien común, la justicia y la empatía, o el respeto a los derechos de los involucrados, lo que constituye un comportamiento ético. Claramente alterar los estados financieros o poner en el mercado un producto defectuoso atenta contra el bien común, los derechos de las personas, causa daño y es injusto, pero y ¿no reciclar?, ¿referirse al supervisor como al viejo hp?, ¿reunirse con la competencia?, ¿venderle a niños?, ¿darse cuenta de un error y quedarse callado?

Todo proceso de toma de decisiones implica escoger entre varias opciones y en la práctica, la distinción entre lo que está bien y lo que está mal no siempre se presenta de una manera evidente. Por ejemplo, ¿qué hacer frente a un empleado ejemplar que causa un accidente de trabajo por estar trabado con marihuana que está usando para aliviar las molestias que le causa la quimioterapia? o, a quién preferir como nuevo proveedor: ¿a un grupo conformado por madres cabeza de familia o a otro mejor calificado? o; ¿se deben poner cámaras de seguridad para monitorear a los empleados y así garantizar su productividad y eficiencia? o más bien, ¿se debe invertir en capacitar a los empleados y tratarlos con confianza?

Sin pretender solucionar un tema tan complejo, existen unas herramientas que pueden contribuir a que las empresas desarrollen una cultura de integridad dentro de la organización:

•Contar con jefes, supervisores y presidentes correctos que desde arriba den buen ejemplo.

•Tener un código de conducta que establezca políticas claras sobre transparencia, diversidad etc. pero sobretodo que contenga protocolos específicos sobre qué hacer en determinada situación, por ejemplo ante un conflicto de interés, o ante una conducta inapropiada.

•Medir la gestión de la organización no sólo en términos financieros sino en relación con el impacto que se genera en el medio ambiente y en el bienestar de las personas (clientes, empleados, vecinos, proveedores).

•Establecer mecanismos como líneas éticas a las que se puede llamar de manera anónima a reportar un incidente, para que sea investigado.

•Mantener auditorías internas y externas.

•Instaurar una política de rendición de cuentas, accountability, a todo nivel, bajo la que todos los miembros de la organización den cuenta de sus actividades y acepten responsabilidad por ellas.

Actuar de manera ética no solo es lo correcto sino que dormir tranquilo no tiene precio, además según Aristóteles, conlleva a vivir una vida feliz.