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AMBIENTE Cambio climático, ¿cuál es el papel de las empresas?
viernes, 22 de octubre de 2021

Desde el sector privado, la tarea es adelantar y priorizar las iniciativas con enfoque circular para cumplir con la misión colectiva de proteger al planeta

Carolina Vargas

En 2019, diferentes países, empresas y representantes de la sociedad civil anunciaron en la sede de la ONU en Nueva York su compromiso por enfrentar el cambio climático y lograr la neutralidad de carbono para 2050. En Colombia, el Gobierno Nacional anunció en ese momento la transición a la energía renovable, en donde la meta es lograr que el 10% de la energía sea de fuentes renovables para 2022 y 20% para 2030, un gran paso para tomar acción en este frente. No obstante, desde el sector privado tenemos la tarea de adelantar y priorizar iniciativas con enfoque circular para cumplir nuestras metas y la misión colectiva de proteger el planeta.

El cambio climático cada día es más evidente. Tenemos efectos como el deshielo de los glaciares, el aumento acelerado del nivel del mar y olas de calor más intensas. Pero, ¿cuál es su verdadero impacto en el país? Según el Ideam, desde la década de 1961-1970, se ha venido presentando en el país un incremento progresivo en el promedio de temperaturas de cada decenio, siendo de 2001-2010 el valor más alto con 22,36ºC. Este aumento de la temperatura ya ha dejado como resultado, según análisis de la misma institución, la reducción de un 68% de la superficie glaciar en Colombia desde la década de los años 50.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo, la agricultura es uno de los sectores más vulnerables al cambio climático, pues la capacidad productiva de los territorios depende en gran medida de la temperatura, la luz y la disponibilidad de agua. De ésta manera, es necesario tomar acciones para minimizar las fuertes fluctuaciones a corto y a largo plazo que generan el cambio climático y que representan un riesgo en la producción agrícola a nivel mundial.

Si bien desde 2019 se viene trabajando en la Estrategia Nacional de Economía Circular, que busca fortalecer el modelo de desarrollo económico, ambiental y social del país a partir de la lógica de producir conservando y conservar produciendo, aún hay una gran responsabilidad como empresas para acelerar el paso y cada vez más tener un rol mucho más determinante en la implementación de acciones en función de reducir el impacto ambiental.

En primer lugar, necesitamos plantear propósitos claros y ponderables en términos de sostenibilidad y competitividad para así lograr transformaciones efectivas en sus procesos y con esto llegar a sistemas con neutralidad de carbono, por ejemplo. En segundo lugar, debemos abordar la estructura actual de producción, cambiando un sistema tradicionalmente lineal, por opciones circulares en las que se dé una integración física de la producción, se minimice el desperdicio y este se convierta en materia prima de un proceso posterior.

Sumado a esto, en trabajo conjunto con nuestros clientes, debemos impulsar un proceso pedagógico en los hábitos de consumo, construyendo una nueva cultura, en la que el consumidor final deja de ser el último eslabón de la cadena de valor y pasa a ser un elemento central para cerrar el ciclo, cooperando en la recuperación de materiales, que pueden ser reciclados o reusados en futuros ciclos de producción. La sensibilización sobre el poder de los consumidores y la concientización de su rol es determinante para la aceleración de este proceso.

Otro punto fundamental es la inversión en innovación que apunte a la sostenibilidad. En empresas como Basf, por ejemplo, realizamos el lanzamiento de un fondo global de 5 millones de euros para 2021. La compañía busca financiar proyectos de Economía Circular formulados por equipos internos junto a clientes alrededor del mundo, que estén convencidos de que el modelo circular es una gran oportunidad para la competitividad y cuenten con la determinación para que juntos demos ese paso.

En esta misma línea, en BASF estamos comprometidos con cumplir las metas del Tratado de París. Por este motivo, en comparación con 2018, tenemos la meta de reducir el volumen de nuestras emisiones de gases efecto invernadero a nivel mundial en un 25 % para 2030. Adicionalmente, queremos convertirnos en una empresa carbono neutro para 2050, manteniéndonos competitivos por medio de innovación constante en nuestros procesos y soluciones.

De otro lado, el desarrollo de portafolios más sostenibles, que además contribuyan a la circularidad. Un ejemplo de esto es B-Cycle, una de nuestras más recientes líneas del portafolio de soluciones, la cual apoya el proceso de reciclaje mecánico del plástico, evitando factores como la degradación del polímero y permite que los materiales puedan pasar por diferentes ciclos de vida sin perder propiedades mecánicas importantes. Esto resuelve los desafíos que dificultan las diversas etapas en el proceso de reciclaje como el uso del color en los materiales descartados, la mezcla de diferentes tipos de polímeros o incluso el olor.

La Economía Circular y la lucha contra el cambio climático son parte de nuestro ADN, y deben seguir siendo una apuesta prioritaria del sector empresarial, con miras hacia un mayor crecimiento en términos económicos y sociales, pero también hacia la disminución del impacto ambiental beneficiando a los diferentes actores de la cadena y en general a la sociedad, contrarrestando el cambio climático desde todos los focos posibles

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