El lenguaje que usamos no es inocente. Cuando llamamos a alguien equivocado, no solo cuestionamos su idea, cuestionamos su lugar en el mundo. Convertimos una diferencia en una jerarquía moral
Bogotá puede votar progresista un día y girar al centro o a la derecha al siguiente sin rubor alguno. Este es nuestro “swing state”, el mítico “Estado bisagra” que define las elecciones gringas