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EDITORIAL Un desequilibrio regional injusto y peligroso
sábado, 13 de julio de 2013
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Seis departamentos concentran 70% del PIB, mientras el gran resto del país es protagonista de la violencia del conflicto

Seis departamentos concentran 70% del PIB, mientras el gran resto del país es protagonista de la violencia del conflicto
 
Un recorrido por las distintas regiones comprueba sin mucha dificultad la teoría de que en Colombia hay un país “virtual”, privilegiado y rico, con acceso a las comodidades del mundo global y un país “real” excluido y pobre, con limitaciones muy grandes en distintos frentes y que lucha permanente por sobrevivir. Con la información disponible no es difícil determinar lo que pasa en cada región y que en buena parte permite explicar la ocurrencia de fenómenos ligados a la protesta, la violencia e inseguridad, en zonas como Guajira, Santander, Cauca y Nariño, entre otros.
 
Desafortunadamente hay un desequilibrio que se ahonda cada día y genera una separación injusta que produce aversión de la periferia hacia el centro, porque los habitantes de muchas regiones observan que sus aspiraciones no son tenidas en cuenta, no solo por los gobiernos sino por la misma clase dirigente que solo se hace presente para obtener los resultados electorales y un sector privado que prefiere localizarse en los grandes centros urbanos por razones de racionalidad económica. Es muy común, por ejemplo, ver que cada vez más compañías privadas se trasladan a las grandes ciudades.
 
Seis departamentos, contando a Bogotá, responden por cerca del 70% del PIB, con lo que los 26 restantes solo generan el 30% adicional. Esa tendencia parece agudizarse cada día, con excepción del departamento del Meta, que gracias a la bendición del petróleo ha logrado ingresar al selecto grupo. Correspondiente a ese panorama concentrado en términos de la riqueza, la pobreza e indigencia se reproduce. Mientras el promedio de pobreza es 32%, hay departamentos como Chocó, Córdoba  y Cauca en los que más de 60% de sus habitantes viven en esa condición. 
 
La situación de muchas áreas frente a lo que pasa en la Capital es más dramática, pese a que la percepción pareciera decir lo contrario por la inconformidad de los habitantes de Bogotá que reclaman soluciones a sus problemas y tienen los mecanismos que les brinda el centralismo para hacerse sentir. Cuando se observa que la pobreza en la Capital es tres veces menor que el promedio nacional o una sexta parte de lo que pasa en Chocó y que la indigencia solo toca a dos de cada cien habitantes, mientras en el Cauca es 34%, resulta incuestionable la inconveniencia del centralismo agobiante, no porque se quiera que se debe acercar Bogotá a Quibdó, sino al contrario, buscar que la periferia mejore sus condiciones para que se acerque a quienes están mejor.
 
Sin duda que este es uno de los temas que merecen la mayor atención del Estado y está vinculado a una verdadera agenda de paz. Debería hacer parte de las negociaciones en La Habana, pero desafortunadamente como no parece dar réditos políticos en términos de ideología, queda por fuera. Una gran equivocación.
 

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