lunes, 23 de diciembre de 2019

Con el año que cierra se empiezan a ver las tendencias que marcarán la economía local en la próxima década. Habrá mucho de la cuarta revolución industrial y compromiso ambiental

EditorialLR


En pocos días comienza una nueva década, la tercera del siglo XXI, y desde ya se empiezan a vislumbrar las tendencias de lo que será el futuro inmediato en una Colombia muy permeada por lo que sucede en los países más desarrollados. Lo primero que debe asombrar en silencio es que comienza 2020, sí, 2020, un año en el que quienes nacieron en 2000 empezarán a salir de las universidades al mercado laboral, una generación que es “verdaderamente digital” y que ha estado sometida a los gruesos cambios que representa la globalización tecnológica. Son personas que en pocos años liderarán el consumo con valores distintos que la generación que les antecede y que ya los había apropiado en su cotidianidad: digitalización de las cosas mínimas; cuidado y respeto por el ambiente; ruptura drástica con los hábitos de movilidad de sus padres y abuelos; devotos de los videojuegos que determinan su comportamiento y decisiones; mayor valor por la vida sana, y una sobrevaloración por las actividades al aire libre, quizá en compensación por ser la primera generación determinada por las pantallas en todas sus presentaciones: televisores de última generación, computadores de mesa con internet todo el tiempo, laptops conectados a otros dispositivos, tabletas amigables y, por supuesto, celulares inteligentes con los que solucionan sus necesidades básicas de entretenimiento y socialización; toda una suerte de gadgets que ya estaban instalados en la sociedad cuando ellos no habían nacido. En pocos meses, 12, 24 o 36, los “centennials” harán ver como pasados de moda a los “millennials”, al tiempo que la “Generación X” hace cuentas para su retiro y los “Baby boomers” ven partir a los últimos de su época. Esa década que pronto comienza (2020-2030) es un reto para los gobernantes que deben enfrentar otro tipo de sociedad más sensible a que las cosas funcionen porque comparan y exigen que estemos más cerca del desarrollo.

Los primeros que vieron o están experimentando ese cambio de época para los individuos fueron las familias, que han tenido que entender que las cosas cambiaron para los más jóvenes, le siguen los colegios y las universidades, y continúan las empresas, que para poder conectar con un mundo distinto, tienen que flexibilizarse pues un buen salario y una posibilidad para satisfacer las necesidades básicas insatisfechas ya no son promesas para retener o fidelizar como empleado o cliente.

El sector que más ha entendido lo que está sucediendo es la banca que en los últimos meses ha experimentado dos o tres grandes revoluciones que lo están cambiando por dentro, como la incipiente banca digital, los sistemas de pago y la obsolescencia del servicio al cliente autoritario. El sector que menos está entendiendo los cambios o no los lee en el ambiente es el agropecuario, que sigue aferrado a mano de obra barata, herramientas obsoletas, baja modernización y condiciones de vida dignas del siglo XIX. Poder interpretar cómo es esa nueva Colombia en todos sus sectores económicos y los retos que esto impone, es una gran obligación para sobrevivir. No solo es hablar o usar las nuevas tecnologías, es comprender a los consumidores y la naturaleza de sus decisiones y para lograrlo hay que reinventar los incentivos. Comienza una verdadera época de cambios radicales fugaces, muchos de los cuales serán imperceptibles, otros más duraderos, pero siempre disruptivos.

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