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EDITORIAL Sensibilidad por el tema de los páramos
miércoles, 9 de enero de 2013
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El Ministerio del Ambiente debe proteger el territorio por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar

El Ministerio del Ambiente debe proteger el territorio por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar

 
La decisión tomada en la gran polémica por la explotación del Parque Natural Regional de Santurbán en Santander fue salomónica. Los conservacionistas lograron que la extensión de protección se extendiera varias hectáreas, mientras que los amigos del desarrollo social minero mantienen salvos sus intereses de extracción de oro. Ahora al Ministerio de Ambiente le queda la difícil tarea de zanjar otras discusiones pendientes con las mismas características, tales como la de La Colosa en Cajamarca, Tolima. Pero más allá de acelerar el desarrollo social de las regiones o zonas ricas en minerales, la cartera que preserva los recursos naturales debe trabajar para que en Colombia haya claridad de qué son los páramos, cuál es su importancia en materia de seguridad hídrica, y sobre todo, de dónde hasta dónde se extienden.
 
El páramo andino es una rara formación montañoso que va desde los 3.000 metros sobre el nivel del mar hasta los 5.000 metros, en donde comienzan las nieves perpetuas. Solo hay páramos en Centroamérica, África Oriental y Nueva Guinea, pero Colombia cuenta con varias zonas en los departamentos de abundante cordillera. El problema para el Ministerio de Ambiente y para la dirección de Parques Nacionales es que los páramos están siendo explotados no solo por la minería ilegal, sino por campesinos sembradores de papa, criadores de ganado y cultivadores de árboles no nativos como los pinos y los eucaliptos. Este tipo de explotaciones todas artesanales son la verdadera amenaza a los páramos, no son las multinacionales como se ha querido presentar el tema ante la opinión pública.
 
Es cierto que hay miles de familias y comunidades indígenas que han explotado los páramos desde tiempos ancestrales y que tienen derechos adquiridos. Pero esa tradición de depredar los páramos con vacas, árboles y papales, está perjudicando los nacimientos de agua de los cuales se nutren cientos de municipios y algunas capitales. Ha llegado la hora de que el Gobierno Nacional a través del Ministerio de Ambiente, las Corporaciones Regionales y la oficina de Parques Nacionales, enfrente el tema de los páramos los delimiten con conciencia social y nacional; se dicten normas de protección con las consabidas sanciones por daño ecológico. La minería ilegal es solo una amenaza contra la cual se cierran filas para aborrecerla, pero son los mismos habitantes de las inmediaciones de los páramos los que están acabando con estos sistemas.
 
No existe un censo de habitantes en esas zonas, no hay datos sobre el deterioro del sistema montañoso más valioso de Colombia, como tampoco hay políticas serias frente al tema. Por fortuna sucedió lo de Santurbán y el asunto fue polémico y público. Debemos aprender de eso y actuar antes de que sea tarde. 

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