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EDITORIAL

Se debe ir más allá de la coyuntura

miércoles, 16 de julio de 2014
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Los datos económicos a cuenta gotas son buenos, pero más valioso es mirar cómo va a ser el futuro de la economía.

Siempre ha habido una discusión propia de la economía política acerca del manejo de las variables que influyen en la ruta de una sociedad: para unos teóricos, el manejo de la coyuntura es la que determina el comportamiento general hacia el largo plazo. En ese orden, son los instrumentos de impacto mediático los que tienen prioridad, asumiendo que el largo plazo está determinado por la sumaria de lo que pasa en el corto término. Esa visión justifica la máxima de John M. Keynes, quien dijo en plena crisis de los años treinta: “en el largo plazo, todos estaremos muertos”.

Esa concepción económica es válida, pero es incompleta, pues en efecto, la atención de los instrumentos de política económica de corto plazo son muy importantes, pero no garantizan necesariamente el desarrollo y el bienestar de una sociedad o lo hacen parcialmente. En otras palabras, una política monetaria, principal componente del manejo de la coyuntura, es determinante para que se garantice el orden económico, pero cada vez hay más consenso acerca de la necesidad de contar con otros mecanismos que trascienden la visión mediática. Esos instrumentos se refieren a las políticas sectoriales que cada día tienen mayor relevancia e integralidad frente a las medidas puntuales que utiliza la política de estabilidad de precios. La tasa de interés y la tasa de cambio son fundamentales, pero su importancia radica en su tendencia y solo en esos términos garantizan un impacto favorable sobre la economía como una estructura.

El abandono consciente de la política económica sectorial ha resultado costosa. Los mejores ejemplos están en lo que ha pasado en la agricultura e industria, sectores a los que se ha sometido al impacto de los instrumentos de corto plazo, cuando son actividades que requieren una visión integral y sostenida en el tiempo si se quiere que progresen y ganen competitividad en función de las tendencias globales. Es por eso, que resulta imprescindible retomar esa concepción que involucra no solo a las autoridades económicas, sino también a quienes tienen la responsabilidad de diseñar y estudiar la normatividad, esto es, el Congreso de la República.

El buen comportamiento de los indicadores económicos de corto plazo abre un espacio para que se gane en la visión de futuro. En este modelo caben asuntos como la atención de los problemas de la pobreza y la desigualdad, la exclusión social y la baja calidad de la educación e incluso la salud como instrumento básico del mejoramiento social de los colombianos.

Muchas de las soluciones a los problemas enunciados requieren reformas estructurales que deben pasar por el Congreso de la República y de nuevo la legislatura que arranca este 20 de julio sería una gran oportunidad para emprenderlas. Colombia necesita de más planeación para recuperar el tiempo perdido.

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