miércoles, 30 de septiembre de 2020

El nombre de Colombia ha salido a flote en la disputa electoral por la Casa Blanca, un hecho inevitable que puede ser malo porque va a haber un ganador con quien se debe optimizar el TLC

EditorialLR

Una vez se realicen las elecciones presidenciales en Estados Unidos el próximo 3 de noviembre y haya humo blanco sobre la continuidad de los republicanos en la Casa Blanca en cabeza de Donald Trump, o la retoma del poder por parte de los demócratas con Joe Biden, habrá una palabra que el gobierno colombiano tendrá que ponerle mucha atención.

Más que una palabra será toda una tendencia bajo la sombrilla del “nearshoring”, concepto derivado del “offshoring”, que se refiere a cuando una empresa transfiere sus negocio o sus centros de tecnología ubicados en destinos lejanos con el fin de reducir costos. Es decir, trasladar plantas de Asia o Europa a América Latina, situación que ya se está dando entre las corporaciones estadounidenses que ahora buscan radicarse en países cercanos con fuertes relaciones comerciales, diplomáticas y de seguridad con sus casas matrices en Estados Unidos.

Además de Canadá y México, que siempre son los países más a la mano de los empresarios estadounidenses, debe aparecer como alternativa Colombia, que dicho sea de paso es el único país de la región que históricamente se ha mantenido como aliado firme de los todos los 45 gobiernos estadounidenses.

La post-pandemia acelerará las diferencias económicas y políticas entre Estados Unidos y China, independientemente de los resultados de las próximas elecciones y eso desatará que el nearshoring empiece a mover la economía colombiana, pero para que eso ocurra es imperativo que el país logre salirse de la pugnacidad política estadounidense, que se mantenga alejado del debate como siempre ha sucedido.

No le conviene al país dejarse llevar por los republicanos o los demócratas porque lo que debe importarle al Gobierno Nacional y al sector productivo es que vengan inversiones y que Estados Unidos apoye la guerra contra el narcotráfico que ha sido el problema transversal de todos los males nacionales a lo largo de tres o cuatro décadas.

La única manera de tomar posiciones ventajosas en el nearshoring es que se optimice el tratado de libre comercio con Estados Unidos, que hasta ahora ha sido mejor negocio para el motor de la economía mundial y muy poco ha beneficiado a Colombia. El nearshoring debe ser una apuesta seria de los distintos ministerios, dado que los puntos de competitividad son muchos: cultura, horarios, conexiones, aeropuertos, y lo mejor de todo y menos explotado, puertos sobre el Atlántico y el Pacífico.

Lo que más ayuda es que las plataformas de servicios de tecnología son las mismas de cara al verdadero desarrollo de la cuarta revolución industrial. Mientras que una empresa estadounidense ubicada en China, Taiwán o Corea del Sur debe lidiar con distintos idiomas y software no americanos, en Colombia las cosas fluyen casi en un mismo entorno estadounidense.

El famoso TLC entre Colombia y Estados Unidos se firmó en noviembre de 2006 y aquí opera bajo la Ley 1143 mediante la cual los empresarios locales pueden colocar sus productos en condiciones preferenciales permanentes en el mercado más grande del mundo, pero luego de 14 años las cosas han cambiado y hay que buscarle nuevas aristas como seducir sus empresas para que produzcan en Colombia y se exporte a otros mercados del mundo. Es solo otra manera de revaluar el TLC y mirar que el mundo cambió.

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