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Muy regular la calidad de vida en Colombia
El índice de Mejores Países 2026, de la Wharton School de la U. de Pensilvania, puso a Colombia en el puesto 69 entre 85 naciones, con puntaje de 9,7; el reto es mejorar la calidad de vida
El índice de los mejores países de 2026, elaborado por la Wharton School de la U. de Pensilvania, reprueba a Colombia en calidad de vida. Este estudio mide las percepciones internacionales sobre 85 naciones mediante las respuestas de 15.131 personas en 33 países. Aspectos como las oportunidades laborales, la estabilidad política, la conciliación familiar, el bienestar general y, sobre todo, la seguridad son realidades que ubican a Colombia como uno de los tres peores países para vivir en América Latina. Los destinos con mejor valoración en la región son México, Argentina y Uruguay, mientras que los peor calificados son Colombia, Ecuador y Guatemala.

Cabe destacar que este ranking académico excluye a gran parte de Centroamérica y el Caribe, así como a las Guyanas y Bolivia. Por lo tanto, compararse con estas naciones para mitigar el impacto del resultado sería una estrategia poco astuta, que solo maquillaría la profunda crisis de habitabilidad que atraviesa el país. En el ámbito global, Colombia ocupó el puesto 69 entre 85 evaluadas. Aunque el país registra un PIB nominal de aproximadamente US$457.410 millones y un PIB per cápita por paridad de poder adquisitivo (PPA) que supera los US$20.500, los indicadores locales de bienestar reflejan una realidad alarmante.
Al analizar el concepto de “vivir bien” bajo el índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), los resultados son deficientes. Existe un enorme déficit habitacional y la inflación se sitúa como la tercera más alta de la región. Asimismo, la congestión vehicular afecta gravemente la movilidad diaria, mientras que los sistemas de salud, pensiones y riesgos laborales se han deteriorado notablemente en el último lustro. La falta de soluciones estructurales por parte de los últimos gobiernos ha cronificado las precariedades y ha limitado su actuación a administrar la pobreza, en lugar de erradicarla.
En el contexto local, la pobreza monetaria implica subsistir con menos de $400.000 mensuales para cubrir las necesidades básicas. Los altos índices de homicidios por cada 100.000 habitantes, una informalidad laboral que supera 50% y una infraestructura insuficiente para 56 millones de habitantes completan un panorama crítico. Este escenario ha empujado a cerca de tres millones de colombianos a emigrar en busca de estabilidad, desarrollo profesional y la posibilidad de formar una familia en entornos seguros. El progreso no consiste en “vivir sabroso” en medio de las carencias, sino en garantizar que las familias colombianas avancen dentro de un sistema que les brinde tranquilidad y oportunidades reales.
Aunque la nueva administración aún no define un plan claro para reducir estas brechas, sus propuestas deberán articularse en torno a la seguridad, el desarrollo de infraestructura y el estímulo a la inversión productiva para generar empleo formal. Mejorar la calidad de vida de la población debe ser la prioridad absoluta de la agenda pública. El bienestar no puede ser una simple percepción estadística, sino una realidad palpable en la vida cotidiana de los ciudadanos. El Plan Nacional de Desarrollo, que debe estar listo a mediados de octubre, debe convertirse en una hoja de ruta que lleve al país a otro nivel, pero, sobre todo, en un camino que mejore la vida de todas las personas.
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