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EDITORIAL

Millonarios costos de la violencia en Colombia

jueves, 9 de junio de 2016
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Colombia ocupa el séptimo lugar entre los países con más impacto en el pib por la violencia, flagelo que no puede evitar, pero sí reducir.

Nada podría pagar la pérdida de una vida humana, pero si esto se cuantifica y se suma la destrucción material, tampoco habría una cifra para representar el daño que le hace la violencia a una sociedad en guerra permanente. Colombia es un país que desde hace casi seis décadas ha vivido en conflicto interno y ha aprendido a desarrollarse en medio de la violencia, al punto que hay generaciones enteras que no han tenido ni un día de paz y han incubado incredibilidad de que se puede vivir sin enfrentamientos que busquen la muerte.

El Global Peace Index es un estudio mundial que se hace desde hace una década y mide el impacto económico de la violencia en todos los países del mundo. En su último informe concluye que Siria, Irak, Afganistán y Venezuela, son los países que arrastran con los mayores costos de la violencia sobre su Producto Interno Bruto. Este año Colombia, en ese ranking, ocupa el séptimo deshonroso lugar, pero con la buena noticia de que todo está mejorando si se compara con la década que se ha medido. En el Índice Global de Paz se destaca la mejoría de nuestro país que presenta buen comportamiento en varios de los 11 indicadores clave. Uno de esos termómetros tiene que ver con en el gasto para contener la violencia, que si bien creció más de 50%, es mucho más eficaz. Solo el año pasado, la nación destinó US$139.481 millones, cerca de 30% del Producto Interno Bruto, a programas o estrategias para frenar la violencia. El impacto de este flagelo en la economía mundial alcanza US$13,6 billones, casi una docena de veces el tamaño de la inversión extranjera internacional.

Las cifras nos sirven como punto de partida para hacer una profunda reflexión sobre la coyuntura de los diálogos de paz que se adelantan en La Habana con el grupo guerrillero más fuerte del conflicto interno, que buscan ponerle freno a ese desangre literal de la sociedad y a la destinación de millonarios recursos que quieren ponerle fin a este estado de guerra permanente en Colombia. Cada colombiano no puede seguir poniendo casi US$3.000 para financiar acciones contra la violencia generada por los guerrilleros o bandas criminales; ese dinero puede ser destinado a mejorar la educación o el servicio básico de salud. El cambio de país debe comenzar por allí, frenar el chorro de dinero que se va para enfrentar a los violentos que han hecho de sus ataques a la sociedad una forma de vida.

El país del futuro, el que se sueña para los hijos, no puede seguir destinando cerca de 30% de su PIB para combatir la violencia generada por la guerra interna que se libra desde hace seis décadas. Ese gran porcentaje es en sí mismo el dividendo que deja la paz, poder contar con un dinero extra para la inversión social que ha generado la misma violencia y ausencia del Estado en zonas remotas.

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