martes, 6 de octubre de 2020

Las nuevas caras en Asobancaria y Asocaña obligan a reflexionar sobre el rol de la actividad gremial, que debe ir mucho más allá del lobby y la representación de sus afiliados

EditorialLR

Hace casi medio siglo en Colombia hubo una época dorada en la actividad gremial en la que no solo se forjó un buen nombre de las asociaciones, federaciones o grupos de empresas nacientes, sino que se desarrollaron centros de investigación e innovación en torno a grupos corporativos con los mismos intereses en el sector productivo.

Por ejemplo: la Federación de Cafeteros impulsó Cenicafé, un centro científico al servicio de los cultivadores del grano que a la postre aportaría nuevas semillas; desde la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar se hizo lo propio con Cenicaña con similares propósitos y grandes resultados; igual idea se copió en Acoplásticos con el Instituto de Capacitación e Investigación del Plástico y del Caucho, además de otra docena de asociaciones gremiales con idénticos propósitos como fue el Centro de Investigación en Palma de Aceite (Cenipalma), todas corporaciones de carácter científico y técnico, sin fines de lucro desarrolladas para transferir tecnología a los socios y a la economía colombiana en general.

Era una buena época en la que el concepto de ‘gremial’ estaba muy vinculado a desarrollar funciones como investigar e innovar; sin olvidar que el objetivo central de toda actividad gremial siempre fue y ha sido hacer lobby frente al gobierno de turno; incluso ser líder gremial se convirtió en un escalón antes de ser ministro; con el paso del tiempo ha sido una puerta giratoria por la que pasaban de ministros a jefes gremiales, lo que fue politizando una gestión que verdaderamente le aportaba al desarrollo económico del país.

De un tiempo para acá, algunos gremios se han convertido en gabinetes de lobby para mover intereses en el Congreso, ante el Ejecutivo, gobernaciones o alcaldías; muchos olvidaron, otros nunca lo hicieron, pero la razón de ser de un gremio no es precisamente el cabildeo, es trabajar por los intereses comunes de sus asociados, que dicho sea de paso, han ido cambiando con el paso de los años. Los impuestos, las comunidades, el valor compartido, la responsabilidad social, la transferencia de tecnología o la cuarta revolución industrial, son algunas de las esencias de la actividad gremial.

No todos los gremios tienen el mismo nivel, pero hay que trabajar para ello y el Consejo Gremial que agrupa a una buena parte de ellos, debe abrir la discusión sobre la razón de ser de los gremios que hoy son empujados a la militancia política más que a realizar avances en cada sector de la economía. Toda crisis debe convertirse en una oportunidad de cambio, y esa raída sentencia de gestión empresarial, debe cumplirse a rajatabla en algunos gremios en medio de una época de cambio que aún no se despierta de la pandemia. Las nuevas cabezas ejecutivas en el gremio de los banqueros y en el de los azucareros debe liderar el ejercicio gremial de la próxima década. La responsabilidad de cambio y reflexión es un imperativo para los gremios que manejan 16 fondos parafiscales, pues son administradores de impuestos que deben ponerse al servicio de toda la economía.

Esos gremios recaudan más de medio billón de pesos y la idea es que trabajen más temas de investigación, fomento, comercialización y control de calidad, entre otros. Si los gremios cambia su hoja de ruta, los beneficios económicos de los sectores que representan serán superiores que circunscribir su labor a la simple vocería ante el Gobierno.

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