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EDITORIAL

Lo que menos se necesita es una guerra

sábado, 8 de abril de 2017
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Un conflicto global se traduce en petróleo caro, pero dólar barato, eso en sumas y restas es malo porque frena inversiones y la ecuación no compensa

 

Pocas horas después del bombardeo de Estados Unidos sobre una pequeña base aérea en Siria, luego de que el polémico gobierno de Bashar al Asad atacara con gases tóxicos a una empobrecida población civil contraria a sus políticas, el mundo económico ha vuelto a mirar de frente el espectro de una confrontación mundial en la que dos de las grandes potencias militares están tomando bandos diferentes. El nuevo gobierno republicano en la Casa Blanca volvió a actuar como “sheriff global” y ha sembrado un precedente para los sirios en el poder resuelvan sus problemas internos caminando hacia la democracia, pero sin atropellar a la población civil que ha puesto más de 300.000 muertos, en una guerra civil iniciada en 2011 luego de la llamada Primavera Árabe que llevó a que la población de Medio Oriente se levantara contra sus gobierno dictatoriales, que poco a poco cayeron bajo el Efecto Dominó, pero en Siria no sucedió así por la colaboración militar rusa que ha mantenido al gobierno de Al Asad, aferrado al poder desde comienzos de 2000 cuando tomó el poder de su padre, Háfez al-Ásad, quien presidió Siria durante tres décadas. No es una escaramuza menor. Es una apuesta dura la que ha hecho Donald Trump bombardeando Siria, pues de su mano Estados Unidos ha vuelto por sus fueros de intervenir militarmente en donde se han agotado las herramientas diplomáticas. Es un golpe de timón de Trump que lo fortalece en su casa y desvirtúa sus cercanías con las políticas de Rusia. Está aquí una buena noticia, la mala es que las consecuencias de este ataque se empezarán a sentir en la economía mundial que no había terminado de salir de un largo periodo de incertidumbre para sumarle ahora una tensión entre las dos potencias. El primer elemento que se afecta en la ecuación económica mundial es el precio del petróleo, que inexorablemente va a seguir subiendo hasta que una reunión de los países petroleros de luces sobre la producción. Pocas horas después del bombardeo, los precios internacionales llegaron a los US$55 por barril y subieron ayer viernes hasta los US$57. Si la tensión se mantiene luego de que Vladimir Putin suspendiera el pacto con EE.UU. que evitaba actos aéreos hostiles, las cosas no se ven claras para los importadores de crudo. Todo lo que tiene que ver con petróleo es una noticia agridulce para Colombia: por un lado es bueno que el petróleo suba para equilibrar la balanza de pagos, pero mala porque el país importa gasolina y algunos combustibles refinados, lo que afecta los precios internos. Y en lo que tiene que ver con la moneda, cada vez que sube el petróleo, el dólar cae, afectando la tasa de cambio un factor de competitividad de los exportadores. La paradoja es que, de mantenerse la tensión e incertidumbre global, se gana con un petróleo caro, pero se pierde con una revaluación del peso, situación que no es deseable para los exportadores colombianos.

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