martes, 1 de octubre de 2013
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Las condiciones están dadas para que la economía registre un buen 2013, a pesar de los nubarrones políticos

Bien se podría decir que una vez terminada la reunión de la Junta Directiva del Banco de la República del pasado viernes, se cierra lo que fue este año en sus tres primeros trimestres y se sientan las bases de lo que será el remate entre octubre y diciembre. En términos generales se puede decir que el Emisor seguirá la compra de dólares para mantener una tasa de cambio por encima de los $1.900; también creemos que la tasa de intervención, o mejor la tasa de interés al sistema financiero, se mantendrá en 3,25%, tal como ha sucedido durante una buena parte del año. Y redondeamos los pronósticos reafirmando el buen momento de la economía, pues la proyección de crecer por encima de 4% es una buena cifra máxime si se compara con las mayoría de las economías de la región, las otras emergentes y las de la Ocde.
 
La dinámica del país volvió a coger un ritmo interesante que se profundiza durante los últimos trimestres de cada año. Lo primero que sucede siempre entre octubre y diciembre es que la oferta de empleo se dispara por la demanda de mano de obra temporal que el comercio exige. También sucede que  las empresas pagan los bonos, las primas y los salarios extraordinarios a sus empleados, un elemento que dispara la tercera característica de los fines de años y es el consumo. Y desde hace dos o tres años -incluso un lustro- ocurre que el consumo se ha convertido en el pilar del crecimiento económico, desplazando el impulso histórico de la construcción, las minas o la agricultura.
 
Entramos al último trimestre con buenas perspectivas y unos indicadores muy sanos a pesar de los acontecimientos perversos de algunos meses, como fueron los paros, la demanda internacional, la caída en las exportaciones y el caldeado ambiente político. Por varias razones el precio de la gasolina se ha mantenido inalterado desde hace cuatro meses, un hecho que se ha sumado al buen tiempo, dos cosas que hacen que el indice de precios al consumidor no tenga mayores problemas y que el llamado ‘impuesto de los pobres’ no sea inmanejable.
 
Así las cosas, con la inflación bajo control, las tasas de interés bajas, el consumo disparado, la cartera morosa normalizada, es factible que el cierre del año sorprenda y ese pronóstico de que se crecerá  4,2% puede ser que se supere, incluso hasta llegar muy cerca del 5%, tal como fueron los primeros datos y las metas de la banca multilateral. Ahora que la cifra de crecimiento es relativamente buena, lo que hay que trabajar es en que la llamada Ley de Garantías no se convierta en una piedra en el zapato para la recuperación. Los tres meses finales de este 2013, que hoy comienza, son los previos al clímax electoral que se da entre enero y mayo. Ojalá, la economía no se deje afectar en sus fundamentales.
 

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