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El “pastorcito mentiroso” y el efecto de El Niño
EDITORIAL

El “pastorcito mentiroso” y el efecto de El Niño

martes, 20 de octubre de 2026

El “pastorcito mentiroso” y el efecto de El Niño

Foto: Gráfico LR

Hasta el momento no se ha configurado el fenómeno de El Niño con los efectos pronosticados desde hace un año, pero eso no indica que no vaya a suceder; hay que estar preparados

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El presupuesto del próximo año debe quedar aprobado por el Congreso hoy

En los últimos años, el Congreso de la República y el gobierno nacional no siempre se han puesto de acuerdo en la aprobación del Presupuesto General de la Nación para el año siguiente, un asunto que parecen estar zanjando las actuales autoridades, quienes ven en los $635 billones el monto adecuado para 2027. El gran problema ahora es que no hay claridad sobre cómo se va a financiar dicho monto, y menos aún se conocen las coordenadas que dictará el FMI.

La fábula del “pastorcito mentiroso” o “Pedro y el lobo”, atribuida a Esopo, deja como moraleja que la mentira y el abuso de confianza, por lo general, van de la mano. En tiempos de redes sociales y sobreabundancia de información, se ha normalizado que la realidad tenga varias versiones; más aún cuando hay interesados en su propio beneficio. La multiplicidad de generadores de contenido o emisores de información hace que el oficio de la curaduría sea una necesidad latente.

Pocos sucesos han sido más promocionados durante este 2026 que la ocurrencia de un fenómeno de El Niño especialmente duro en términos de temperatura y sequías. Sin embargo, ya está llegando octubre a su final y ni lo uno ni lo otro ha sido tan severo como se pronosticaba. Las lluvias de junio, julio, agosto y septiembre registraron un patrón tradicional, aunque levemente más escaso, que bajo ninguna óptica puede catalogarse como de grandes sequías. En cambio, en este décimo mes del año sí se han presentado lluvias torrenciales en varios rincones del país.

El “pastorcito mentiroso” y el efecto de El Niño
Gráfico LR

Esta situación hace pensar en la fábula del pastorcito, quien mentía sobre la llegada del lobo para que sus vecinos corrieran asustados a protegerse en sus casas. Poco a poco, el personaje fue perdiendo credibilidad con el anuncio del lobo (que en este caso equivale a El Niño), al punto de que cuando el animal llegó a la aldea e hizo estragos, ninguno de sus vecinos estaba preparado ni protegió a sus ovejas. Al final, el pastorcito tenía razón: el lobo llegó y lo destruyó todo, a pesar de que había abusado de sus anuncios falsos para sembrar un temor que terminó por materializarse.

Si noviembre, diciembre y enero resultan ser meses especialmente secos y los actores del sector eléctrico no se han preparado, les va a pasar lo mismo que a los vecinos del pastorcito. La cultura meteorológica y climática de los colombianos no puede seguir siendo la misma: llantos durante los meses de verano por las pocas lluvias y sufrimiento en tiempos de aguaceros e inundaciones. Colombia es un país que no ha sido capaz de almacenar agua, de construir sistemas de riego, de canalizar las lluvias y de consolidar explotaciones agropecuarias autosuficientes.

Siempre habrá un político solucionando los problemas climáticos con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), entidad que maneja dinero público sin dolientes ni controles y que se ha convertido en la chequera de los corruptos. Es más, el pasado gobierno encontró en esa entidad el argumento más apropiado para declarar emergencias económicas que impusieran más tributos a los contribuyentes de siempre: las empresas y los empleados formales.

No demorarán alcaldes, gobernadores, representantes y senadores en empezar a rasgarse las vestiduras porque no hay dinero para la atención de sequías -si llega El Niño- o de inundaciones y estragos si las lluvias siguen siendo una amenaza sin control. Tampoco se puede admitir que el precio del kilovatio hora siga subiendo por pura y dura especulación de los actores del mercado, con los embalses llenos y con los costos previstos desde el año pasado.

No hay que olvidar que uno de los dos problemas económicos más grandes del país son: la inflación, la cual ha llevado el costo de vida a ser uno de los más altos del continente, y los servicios públicos son los que más suman a esa costosa realidad para las familias. A menos de un mes de cumplirse los primeros 100 días del nuevo gobierno, es un imperativo para los ministerios de Minas y Energía, Hacienda y Agricultura empezar a atender un problema que está sobrediagnosticado desde hace muchos meses.

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