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El libro blanco del empalme es muy necesario
El empalme entre la administración entrante y la saliente es una norma que se debe realizar con transparencia para evitar que el efecto retrovisor marque los meses de nuevo Gobierno
El cambio de administración nacional que experimenta Colombia, es uno de los más delicados en su historia reciente, la entrega de todas y cada una de las entidades de orden nacional, más los bienes y activos, debidamente identificados por parte de la administración, de Gustavo Petro, al gobierno electo de Abelardo de la Espriella, tiene que quedar transparente de cara al país, máxime cuando en los últimos meses han estallado brotes de corrupción en entidades que sospechosamente han apurado su gestión. ¿Por qué es importante la transición en este momento?

El Gobierno Nacional que abandona la Casa de Nariño se caracterizó por aumentar el aparato estatal a niveles que nunca antes habían existido; los funcionarios por contrato aumentaron notablemente en todas las oficinas públicas; el Estado fue durante los últimos cuatro años el motor del crecimiento, vía contratación pública, y la entrega de ayudas y subsidios derivados del presupuesto nacional tuvieron un aumento también notable. En pocas palabras, se entrega un Estado central agrandado que gastaba más de lo que le entraba, no en vano el presupuesto para este 2026 superó los $560 billones, mientras que el recaudo de impuestos solo alcanzaba los $300 billones.
El gobierno saliente solo logró pasar en el Congreso de la República una reforma tributaria de $25 billones, dinero que se drenó a través del Presupuesto General de la Nación, durante los cuatro años. La constante fue aumentar oficinas, contratar más personas, entregar más subsidios, comprometer gasto público, y en contraste, fue un gobierno de muy baja ejecución presupuestal, si se compara con los anteriores. Por tanto, es imprescindible que el empalme -entre la administración entrante y la saliente- no solo sea de cara al país, sino totalmente transparente para que se ponga en blanco y negro los errores y aciertos, alejándose de manipulaciones que le hagan daño a la realidad de las cuentas públicas.
Seguramente, el país político entrará en una inexorable puja de responsabilidades, que girarán entorno a lo se hizo y lo que se recibe; realidad que debe plasmarse en un libro blanco de acceso universal donde se refleje el verdadero cruce de cuentas fiscales. La pugnacidad en las redes sociales, las llamadas bodegas, intentarán mostrar unos logros más allá de la realidad, mientras que las del otro bando, procurarán denigrar de lo realizado. Por eso es importante el libro blanco, un texto notarial del cual se desprenda la verdadera realidad nacional en términos de logros y realidades.
La Contraloría General, la Auditoría e, incluso, la Procuraduría deben ser partícipes de un empalme que no dejará de ser traumático, pues los dos gobiernos son diametralmente opuestos y los funcionarios que sirvieron, y los que servirán al entrante, tienen fundamentos ideológicos muy distintos. En las empresas industriales y comerciales del Estado, las cosas son distintas porque la naturaleza de sus gestiones se plasman sencillamente en los costos, los ingresos y los presupuestos aprobados y revisados mensualmente por las respectivas juntas directivas de esas entidades públicas. El verdadero problema está en los ministerios, las agencias, la superintendencias y la misma Casa de Nariño, en donde los gastos reservados, los honorarios y los datos sin control proliferan.
No está por demás que en el empalme no solamente se invite a entidades externas, sino a verdaderos auditores que hagan un registro notarial de los recibido y lo entregado.
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