#Aportacontuexperiencia se llamaba el programa de empleo estatal lanzado en agosto de 2022 por el entonces presidente, Gustavo Petro. Consistía en una gran convocatoria para profesionales con título de doctorado que se quisieran vincular al primer gobierno de izquierda en la historia del país. Al final de los cuatro años de mandato, el rimbombante programa no prosperó y en cambio dicha administración estuvo marcada por escándalos, corrupción, nepotismo y muchos funcionarios poco competitivos y de muy baja formación.
Ahora, antes de posesionarse en el gobierno, Abelardo de la Espriella lanzó una idea similar mejorada: el banco de talentos para todas las personas que quieran trabajar durante su mandato. Casi medio millón de personas han depositado sus hojas de vida ilusionadas por ser funcionarios públicos, otros contratistas, y por qué no, ser tenidos en cuenta en destacamentos diplomáticos y altos cargos en las empresas industriales y comerciales del Estado.
Tanto la idea de Petro como la de De la Espriella son muy buenas y van en el horizonte adecuado, pues el gobierno nacional debe convocar a los mejores colombianos en el servicio público, tal como sucede en los países desarrollados, en donde la mayor ilusión es trabajar con el gobierno y se preparan para las oposiciones que ofrece de cuando en cuando la administración pública. No obstante, el Estado colombiano goza de una institución diseñada para eso: el Departamento Administrativo de la Función Pública, organismo técnico y transversal del gobierno que lidera la modernización del Estado; define las políticas de empleo público, gestiona el talento humano estatal y optimiza la organización de las instituciones en todo el país.
Las funciones principales de esa entidad son crear las reglas para el ingreso, desarrollo y retiro de los servidores públicos; fomentar la eficiencia, la ética y la innovación en las entidades del Estado; actuar como guía a las instituciones nacionales y territoriales en su organización administrativa, y dirigir el sector administrativo de la función pública, del cual también hace parte la Escuela Superior de Administración Pública, que es la universidad diseñada para tal efecto.
La idea de Petro fracasó porque su iniciativa de reclutar doctores nacionales e internacionales no tuvo la estructura estatal, ni sus funcionarios le hicieron caso, y como todo su gobierno, sus políticas públicas no se lograron ejecutar. En tiempos de DelaEspriella, las cosas deben cambiar para bien y el banco de talentos debe estar vinculado a Función Pública y la Esap, entidades que deben ser el epicentro de talentos del Estado.
Hay que darle nuevas herramientas, como trabajar con empresas de empleo, cazatalentos, practicantes de las mejores universidades, y por supuesto, plataformas digitales que han hecho del empleo su forma de negocio. Si el gobierno que se presta a llevar las riendas del país por los próximos cuatro años quiere dar un salto en la administración pública, debe quitarle la burocracia al Congreso y a los financiadores de las campañas, quienes a la postre son el verdadero banco de talentos y ponen a su antojo a sus funcionarios para agenciar intereses particulares. Hay que romper con la cultura de las recomendaciones, el nepotismo y los favores políticos. Ciertamente, la función pública debe ser un anhelo de los colombianos más preparados.