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EDITORIAL El 4x1.000, un impuesto muy duro de matar
martes, 10 de septiembre de 2013
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Es facilista el Gobierno cuando soluciona el lío con el agro extendiendo el polémico impuesto a las transacciones

Está ampliamente demostrado que el impuesto a las transacciones financieras conocido como 4x1.000 no solo perjudica la bancarización, es polémico y genera malestar entre los cuenta habientes; pero también es un impuesto de fácil recaudo que representa más de $4 billones al año. Atendiendo esta última circunstancia, el Gobierno ya lanzó la idea de extenderlo por varios años para financiar los compromisos adquiridos con los productores agropecuarios. Y si antes se criticaba que fuera un impuesto creado en beneficio de la solidez de las instituciones financieras del país durante la crisis de 2002, ahora a todos los colombianos que hacen operaciones bancarias se les cobrará ese tributo, pero con destino a los campesinos. Como siempre sucede, a todos nos tocará que costear la competitividad del campo.
 
El Presupuesto General para el nuevo año aumentará de unos $200 billones a $203 billones, el monto adicional se sacará de mantener el impuesto del 4x1.000 tal cual está hoy. Recordemos que la reforma tributaria estableció que a partir del próximo año volvería a 2x1.000. Los dos puntos que no se reducirán, serán los que se usarán para fortalecer el agro. Esta jugada la hará el Ministerio de Hacienda con un el proyecto de reforma a la reforma tributaria, a tramitarse en el Congreso en forma paralela al proyecto de presupuesto.
 
Es facilista para el Gobierno porque los agentes retenedores y responsables del recaudo son el Banco de la República y las demás entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera o de economía solidaria en las cuales se encuentre la respectiva cuenta corriente, de ahorros, de depósito, derechos sobre carteras colectivas o donde se realicen los movimientos contables que impliquen el traslado o la disposición de recursos. Al final de cuentas, todos los colombianos terminamos pagando de nuestro bolsillo los años de atraso del campo, su poca competitividad, los programas de políticas públicas mal hechos y la competencia que les generen los tratados de libre comercio en los próximos años.
 
Una jugada audaz del Ministerio que deja un mal sabor porque una de las justificaciones de motivos de la pasada reforma tributaria era que no era un proyecto alcabalero, sino de organización y de flexibilidad tributaria. Bastará con conocer el proyecto de ley que se mandará en paralelo con el de la ley de presupuesto para ver sino hay ‘micos’ inoportunos donde también se busque recoger dinero pactado después de marchas, paros y protestas. Así las cosas, cabe preguntarnos qué nos dejan siempre las manifestaciones que se arreglan en una mesa de negociación con el presupuesto de por medio. La respuesta es una colombianada que viene de las generaciones campesinas de atrás: ‘ternero que no llora, no mama’.
 

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