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EDITORIAL Día sin carro: hecha la norma, hecha la trampa
lunes, 8 de febrero de 2016
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El día sin carro no puede morir atropellado por los carros blindados, los taxis blancos y los buses que no cuidan el ambiente de las ciudades.

 

No se puede olvidar que el día sin carro en Bogotá, que se lleva a cabo desde hace más de 20 años, es una jornada pedagógica que tiene (o tenía) unos objetivos iniciales como preservar el ambiente, desestresar la ciudad o disfrutar de otra manera la calle para ir a trabajar o estudiar. Todas los anteriores loables intenciones que convirtieron a la capital de Colombia en una ciudad amiga de la bicicleta, lo que contribuyó a desarrollar más de 500 kilómetros de ciclo rutas.

Pero todo eso ha cambiado y como todo en Colombia, hecha la norma, hecha la trampa, especialmente en el día sin carro que bien merece un rediseño a fondo, pues la ciudad no percibe las consecuencias originales de la iniciativa ciudadana. Hay trancones, atascos o tacos de vehículos porque los carros blindados abundan en ciertas zonas de Bogotá y son la inmensa mayoría; hay miles de carros blancos de transporte especial que se mueven a sus anchas; hay taxis por montones; no hay beneficios para los que siempre se transportan en bicicleta y los buses viejos “SITP Provisional” se niegan a desaparecer. Solo algunos de los pocos defectos de esta buena iniciativa que poco a poco se va deteriorando y que no hay que dejarla acabar porque son más las cosas buenas que deja que las malas.

Bogotá y en general Colombia tienen un problema profundo de escoltas y de carros blindados a su servicio. La idiosincracia de muchos políticos, funcionarios públicos, líderes de opinión y de los mismos empresarios es tener camionetas de escoltas como un detalle de poder y estos personajes al servicio de su seguridad son campeones del abuso contra el ciudadano común y corriente que se mueve en otros carros, en bicicleta o caminando. Los gobernantes locales deben poner en cintura esta situación y empezar a prohibir que se estacionen donde quieran y cómo quieran, sin que ninguna autoridad pueda vencer el “usted no sabe quien soy yo”.

El segundo punto es que no hay incentivos para quienes siempre van en bicicleta al trabajo y la oficina o caminando. Las empresas deberían premiar a los empleados que hacen esto, tal como sucede en Europa. En otros países se reconoce un subsidio por caminar y disminuir la huella de carbono. También se debe ayudar a las empresas que estimulen el teletrabajo y el uso de la bicicleta, estas deben ser reconocidas en el frente tributario. Los actuales alcaldes de Cali, Medellín y Bogotá, son unos líderes no tradicionales y muy vinculados con el ambiente y con campañas cívicas, pero tienen que actuar en este sentido y mejorar los días sin carro, promover beneficios para los individuos y las empresas que ayuden al ambiente. Eso es lo que deben hacer antes de que los políticos tradiciones les capturen sus agendas públicas y terminemos siempre pensando en votos y no en el bienestar general.

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