viernes, 9 de agosto de 2013
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Como siempre, el verano en los países desarrollados realiza una pausa. Aun en México, donde no hay un corte tan tajante en las actividades, el receso vacacional de las escuelas incidió en una disminución de la actividad económica.
 
La Reserva Federal estadounidense dio a conocer su opinión acerca de la disminución de los fondos disponibles para el mercado, actualmente de US$85.000 millones al mes. El lector recordará que la mera sugestión de que en el futuro se reduciría esta cantidad, causó un caos.
 
El comunicado fue neutro, sin comprometerse a fechas o montos; será hasta septiembre cuando realmente se tomen las medidas que el mercado espera, si es que se toman, pero persistió la opinión de que la Fed disminuirá US$20.000 millones el monto mensual a partir de septiembre.
 
Esta opinión se reforzó al publicarse el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos que, si bien fue de 1,7% solamente, sí muestra una tendencia a la alza. Sin embargo, el viernes se publicó la cifra de empleos nuevos en julio, que se esperaba de 200.000 y sólo fue de 160.000, lo que muestra que el mercado laboral sigue débil aunque el desempleo disminuyó a 7,4%.
 
Lo anterior volvió a replantear la posibilidad de que el tapering, o sea, la reducción del monto inyectado a la economía, sea pospuesto para el inicio del 2014, eso si no se percibe un retroceso en la economía estadounidense.
 
Por ello, creemos que será hasta septiembre cuando sepamos realmente qué medidas y cuándo se tomarán, igual que cómo serán recibidas por el mercado. Así pues, septiembre podría ser un mes muy peligroso para los tenedores de bonos. Es obvio que cualquier cambio en la política monetaria de Estados Unidos afectará al mundo entero, pues si hay otra subida de tasas, los precios de los bonos a nivel mundial caerán.
 
Un tema que se ha mezclado con el tapering es la sustitución de Ben Bernanke como Gobernador de la Reserva Federal. Hay que destacar que, sin duda, éste es uno de los cinco puestos claves del mundo.
 
El mercado apoya a Janet Yellen, la subgobernadora de la Fed. Yellen ha apoyado la política de los estímulos monetarios, Quantitative Easing (QE), para sustituir la caída de la demanda; desde el 2008 aseveró que la inflación no era un problema y es una keynesiana pragmática.
 
Además, es uno de los pocos economistas con predicciones en general acertadas. Sin embargo, la sucesión se ha convertido en un lío político porque no cabe duda de que el presidente Obama apoyará a Lawrence Summers, quien fue parte de su equipo hasta el 2010.
 
Summers ha cometido errores en el Banco Mundial y en Harvard, donde era presidente; a mi juicio, nunca dice en forma inequívoca su opinión, si es que la tiene. Además, estuvo asociado a la desregulación sin control que llevó a la crisis en 2008 y se burló de los que, como Yellen y el economista Rajan, predijeron el peligro del colapso hipotecario.
 
Ahora parece opinar que la economía ya es fuerte, que el QE no aporta nada, por lo que Obama expresó en su discurso acerca del tema, que hay que temerle a la inflación. Obama refirió que en el otoño decidirá quién será el nuevo Gobernador, pero no cabe duda que en septiembre tendrán lugar la lucha final y tal vez la decisión. Este problema político también puede desestabilizar a los mercados.
 
Dentro de este contexto, septiembre para México significa un mes importante porque las reformas fiscal y energética, así como los reglamentos de las reformas educativa, financiera, etcétera, ya deberían ser de dominio público o, al menos, se debería tener una clara idea de hasta dónde llegan.
 
Dadas las expectativas generadas, sobre todo, por las reformas energética y fiscal, la conclusión de que son incompletas o fallidas tendría una grave consecuencia para el crecimiento y el mercado.
 
Hay muchos rumores sobre la propuesta del presidente Peña Nieto en materia energética y muchos más en cómo van a subirse los impuestos. Resulta obvio que, dado el grado de división dentro de los partidos de oposición, las negociaciones se dificultan, aunado a que el crecimiento de la economía en 2014 será si acaso de 2,6%.
 
Si las reformas son truncas o mal recibidas por la población o el mercado, el potencial de crecimiento del PIB mexicano, especialmente ante una recuperación de 3% en Estados Unidos, se vería mermado sustancialmente y la inversión podría disminuir de manera significativa. El mercado de bonos y el accionario sufrirían una caída notable, más si hay turbulencia en Estados Unidos por los factores arriba indicados.
 
Como puede ver, lector, septiembre trae su regalo bajo el brazo. Esperemos que éste sea en beneficio.