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ANALISTAS Los frutos del proceso de paz
sábado, 13 de junio de 2015
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La guerrilla de las Farc ha hecho evidente que durante el lapso de la administración Santos ha crecido su poder destructivo.

Después del asesinato de 11 soldados en el departamento del Cauca, han continuado matando policías en diferentes regiones del país, como los homicidios a integrantes de la policía sucedidos esta semana en el departamento del Norte de Santander y en el municipio del Bordo. 

Tramos de la vía panamericana en los departamentos del Valle, Cauca y Nariño, han sido dinamitados esta semana, con graves pérdidas que afectan su economía y el comercio con el Ecuador.

Continuando con sus andanzas criminales y para notificar al país del poderío militar que han acumulado en los últimos 5 años, la guerrilla de las Farc, dinamita parte de la infraestructura nacional y deja sin energía durante una semana los municipios de Tumaco y Buenaventura, puertos sobre el Pacífico, el último de ellos, por el cual se mueve más de 50% de la carga que ingresa y sale del país. En la madrugada del jueves anterior, la guerrilla de las Farc dinamitó varias torres de energía, dejando sin fluido eléctrico aproximadamente a 500.000 habitantes en el departamento del Caquetá, incluida su capital Florencia.

200.000 barriles de petróleo vertidos esta semana por atentados de las Farc, al río Cohembí que desemboca en el Putumayo, el que a su vez es afluente del río Amazonas, causan incalculable daño a la salud de los habitantes que obtienen su alimento de estos ríos y el agua que alimenta a sus acueductos.

El poder destructivo que demuestran las Farc es inmenso, pero es el fruto del proceso de paz que sin ninguna condición previa se negocia en la Habana. La guerrilla con el aval del Gobierno se ha ido fortaleciendo militar y políticamente, hasta haber conseguido estatus de combatientes de un conflicto armado interno; la eliminación de la aspersión con glifosato de la coca, decisión que hace dos años ya había tomado el presidente de la República al prohibir además la erradicación manual obligatoria de la coca en la región de Catatumbo, la mayor productora de este alucinógeno; la inmovilización de la fuerza aérea con la suspensión de los bombardeos; el desplazamiento de los generales de la República para dialogar con los subversivos en La Habana, hecho que desmoraliza y hiere el orgullo de su tropa y, como si esto no fuera suficiente como respuestas a los atentados, el gobierno y las Farc acaban de anunciar la creación de una “comisión de la verdad”, integrada por representantes de las dos partes. La verdad no se negocia, la verdad es una, si ella es parcializada para favorecer a quienes han cometido delitos de lesa humanidad, se estará sepultando de un plumazo el derecho legítimo que tienen las víctimas a conocer la verdad de lo que sucedió con sus seres queridos, secuestrados, asesinados, torturados.

Al presidente Santos, en su afán de conseguir la paz a cualquier precio, se le salió de las manos el proceso de negociación y, estas circunstancias lo han llevado a cometer una serie de errores que laceran la vida y la tranquilidad de los colombianos.

Es deseable que el presidente de la República rectifique su estrategia y recupere para los colombianos un mínimo de seguridad y tranquilidad, quizás así nuestros compatriotas sean indulgentes con su tarea se gobierno, opacada por un proceso de paz que cada día golpea más su menguado prestigio.