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ANALISTAS El momento crítico de la aduana colombiana
lunes, 5 de agosto de 2013
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Por estos días la aduana colombiana afronta grandes dificultades, debido a la falta de unidad y un horizonte claro de la Dian.
 
Por una parte, se cuenta con una Dian que quiere facilitar. A toda costa, algunos funcionarios responden a ese llamado de servicio y brindan una excelente respuesta a los usuarios, sin dejar de cumplir su labor. Se trata de esa aduana que todos los agentes logísticos queremos para nuestras operaciones; esa aduana que parte del principio de la buena fe de los administrados y que por encima de cualquier meta de recaudo, antepone los intereses generales del comercio exterior a un interés particular de protagonismo y control desmesurado.
 
Por otro lado y muy a nuestro pesar, existe la otra Dian que lleva con sigo un lastre de entorpecimiento al comercio exterior del país; esa que busca el error formal, que a toda costa busca incrementar sus indicadores de aprehensiones por encima del espíritu de facilitación.
 
Cuando el sector aduanero y logístico del país se enfrenta a una aduana con doble personalidad o bipolaridad, nace un riesgo inminente para el crecimiento económico del país. No podemos seguir sustentando el recaudo de la Dian en temas formales que no atacan de raíz el problema del contrabando. Ha sido muy difícil hacer entender a la aduana de la necesidad de legislar con conocimiento de causa. Invitar a los funcionarios a conocer la operación logística in situ no ha pasado de eso, de una simple invitación que siempre es rechazada por la autoridad. Seguimos, en conclusión, legislando desde el escritorio. Pero no quiero enfocarme en el problema (bastante difícil por estos días), sino ir un poco más allá y proponer a la aduana un cambio de lógica. Una lógica que no es otra cosa que tomar lo que se está haciendo bien y replicarlo de manera paulatina en diferentes ámbitos y direcciones de la Entidad. Por citar un ejemplo, en la Aduana de Barranquilla están sucediendo cosas importantes en beneficio de quienes actúan de manera correcta y transparente: se da al usuario la oportunidad de controvertir una primera posición de un funcionario, frente al equipo de la Dian. Este ejercicio ha traído como consecuencia una operación más justa y equitativa, y le ha permitido a la misma aduana argumentar mejor sus posiciones, y en algunos casos, reconsiderar algunas actuaciones que van en contravía de la agilización de los procesos aduaneros. Cuando se considera que este tipo de prácticas positivas podrían replicarse exitosamente en otras aduanas del país, nos encontramos con la otra cara de la Dian; aquella que considera que no se pueden hacer las cosas de manera diferente en pro de la facilitación del comercio. Como gremio, hemos realizado diferentes propuestas tendientes a mejorar la relación entre administrados y administración, con el fin de encontrar herramientas que ayuden a disminuir al máximo la corrupción y le brinden al país un escenario de transparencia. Sin embargo, se consideró en su momento que este tipo de iniciativas implementadas con éxito en países de la región, no tendrían cabida bajo la situación actual de la Dian.
 
 Esa bipolaridad institucional, hace que el escenario de comercio exterior colombiano no cuente con un piso sólido para tomar decisiones, más aún cuando nos seguimos topando con una producción legislativa que responde más a intereses políticos que a una verdadera estrategia de lucha contra el contrabando.
 
 Como resultado, tenemos una altísima improvisación por parte del gobierno, ya que la expedición de normas se realiza sin analizar todos los escenarios de implementación a mediano y largo plazo.
 
Sería importante analizar cuántos decretos y resoluciones han sido expedidos respondiendo a intereses electorales en los últimos diez años, y cuántos de ellos realmente lograron el objetivo de lucha contra el contrabando. Ya perdí la cuenta, por ejemplo, de los argumentos de diversos gremios como Fitac y Fenalco, para reversar el arancel específico a los textiles y al calzado. Espero que esta lucha llegue a feliz término para el país, gracias a la intervención de la OMC por solicitud de Panamá.
 
Todo ello ha contribuido a que el sector logístico y aduanero del país, en vez de invertir la mayor parte de su tiempo en generar mayor valor agregado a sus clientes, siga especializándose en apagar incendios, en adivinar lo que quiso decir la Dian, en adaptarse al estado de ánimo del funcionario de turno, en convivir con la discrecionalidad de la entidad y a sobrellevar con infinita zozobra la represalia que genera la denuncia de actuaciones no ajustadas a derecho.
 
 Invito a la Dian a que manejemos un solo discurso, a que se generen los espacios de argumentación sana y transparente y a que entendamos de una vez por todas que el país requiere más que ideales y buenos propósitos, realidades y soluciones concretas de cara a la competitividad y a la facilitación del comercio.