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ANALISTAS Cuando el agua baje sabremos quién está nadando empelota
martes, 13 de enero de 2015
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Sobre el colapso financiero de Venezuela ya se sabe. El default tiene una fecha exacta: octubre de 2015. En ese momento vencen bonos por US$5.000 millones que no hay con qué pagar.

De hecho según un reciente reporte de Bloomberg el mercado considera que la posibilidad de impago de la deuda venezolana es del 93%, la más alta del mundo. En diciembre  los bonos a 2027 estaban transando a 43,75 centavos por dólar y los credit default swaps a cinco años se negociaban al 59%.

Maduro, con dialéctica cantinflesca, lo aceptó hace unas semanas afirmando que “no hay posibilidades de declaratoria de default, a menos que nosotros decidamos no pagar más”. O sea, no hay ninguna posibilidad de default salvo que decidamos entrar en default. 

Alguien le debería recordar al líder máximo de la revolución bolivariana que las obligaciones son para cumplirlas y que las deudas se pagan no porque a uno le de la gana sino porque toca. 

Sin embargo, se trata de una discusión un tanto teórica porque Venezuela de facto ya está en incumplimiento. Y no con los imperialistas yanquis. Eso vendrá en unos meses. El default es con los camaradas chinos a quienes les debe la módica suma de US$50.000 millones que les quedó de pagar en petróleo y que no está despachando.

Veremos si los camaradas tienen la delicadeza de iniciar un proceso ejecutivo en Nueva York, como hicieron los tenedores de bonos argentinos, o si más bien les da por retener a los tanqueros venezolanos en alta mar y pagarse por derechas. Escojan. 

Hablando de Argentina, esa es otra que esta nadando empelota hace rato. Había un chiste que recorría los pasillos de los bancos de inversión: que Brasil cada día se parecía más a Argentina, Argentina a Venezuela y Venezuela a Zimbabue. El chiste ya dejo de ser chistoso y ahora es tremendamente serio.

Según el FMI la economía Argentina se contraerá 1.7%  en  2014 y 1.5% en 2015. La presidenta en su delirante optimismo todavía dice que el país crecerá a 2.8%, lo cual no debería sorprender. Los que dicen mentiras todo el tiempo se las acaban creyendo. Supongo que también cree que la inflación es de 22%, la cifra oficial, aunque todos saben que es por lo menos el doble. De todas formas parece que los días del Modelo K están contados. El populismo del siglo XXI no aguantó la caída de los precios de la soja.

Falta Brasil. Dilma logró una apretada reelección en la cual el PT se jugó sus restos. Cada vez que un intelectual de izquierda estilo León Valencia quería vendernos el modelo socialista latinoamericano hablaba de los maravillosos logros sociales brasileros. Veremos ahora qué tan sostenibles son sin la plata de los commodities.

Las verdaderas reformas estructurales nunca se hicieron y eso quedará claro cuando el famoso “costo Brasil” empiece a morder los márgenes de las empresas. Habrá desempleo, menores ingresos fiscales, devaluación, mas inflación y pobreza. Brasil es el país del futuro y siempre lo será. 

¿Y Colombia qué? Se acabó el espacio…..pero les prometo que en la próxima les respondo la pregunta.