viernes, 7 de diciembre de 2012
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Alexander Obando

Generalmente los músculos duelen después de un ejercicio intenso o un ejercicio nuevo. Esto sucede porque el ácido láctico aparece dentro del músculo como consecuencia del procesamiento de un compuesto llamado glucógeno, el cual produce energía para la contracción muscular.

El ácido láctico se acumula en los músculos hasta que los satura y luego es enviado directo a la sangre. Este ácido es una sustancia de desecho que pasa a ser parte de la contracción muscular.

En términos coloquiales se podría decir que los músculos han quedado rotos y se activa la producción de glóbulos blancos para iniciar el proceso de reparación.

Se ha demostrado que el ácido láctico aumenta la capacidad para asimilar el dolor muscular. Igualmente, es un hecho que a mayor entrenamiento mayor tolerancia a los altos niveles de ácido láctico, que es enviado al hígado por medio de la sangre para su eliminación.

Por otro lado, un atleta no muy bien entrenado padecerá durante más tiempo dolor muscular, aunque realmente no es la acumulación de ácido láctico sino el estado del ácido en el músculo el que produce la sensación de dolor. Algunos perciben este dolor como algo ?gratificante? ya que consideran que es el resultado de haber dado el 100% de su capacidad. El problema es que ese dolor ?agradable? puede interferir con las actividades diarias.

Para un mejor alivio y recuperación resulta ideal salir a entrenar al día siguiente a muy baja intensidad.

Otra alternativa es descansar completamente los días posteriores hasta que desaparezca el dolor. Igualmente, vale la pena recordar que el frío tiene propiedades analgésicas así que también sirve colocar hielo sobre los músculos resentidos. El estiramiento previo y posterior al ejercicio también ayuda a prevenir estas molestias musculares. La mayoría de veces, el dolor viene después de una competencia debido a su mayor exigencia, especialmente si la preparación no ha sido consecuente con el reto al que nuestros músculos se verían enfrentados.