sábado, 31 de agosto de 2013
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Cinthya Ruiz Granados - cruiz@larepublica.com.co

Siempre ha estado ahí, en el fondo, pero ahora la ruana o poncho cobra protagonismo como alternativa para la industria de la moda.

No solo el paro campesino impulsa el uso de esta prenda, también el sentimiento de recuperar las raíces rurales la imponen en la ciudad y las pasarelas. Varios diseñadores le vienen apostando en los últimos años, al punto de convertirla en un accesorio que llama a la elegancia. Y cada vez es más natural verla en jóvenes con un sentido de estilo que apunta a rescatar lo tradicional.

Porque ruanas hay en todo el mundo. En Perú también se encuentran, usadas con mucho color. En Bolivia las fabrican con lana de alpaca pura, y destacan que es un producto típico de los Andes. En Argentina están hechas con hilo de lana de llama, que habita en el sur de América. Así, los diseñadores hallaron un lenguaje común que seduce en el plano internacional.

En Colombia, la prenda nació en tres departamentos. En Boyacá ningún modelo es repetido gracias a su tejido manual, se fabrica con lana virgen. Los colores que predominan en Boyacá son los tierra. En Antioquia, también se fabrica con lana natural, y predominan los colores oscuros como el negro, azul, gris y vinotinto. En Pasto, se utilizan colores alegres. Para el día, predominan los azules, rojos, y amarillos. Y en la noche, el negro, gris y colores tierra.

Diseñadores como Hernán Zajar y Adriana Santacruz han apostado por la evolución de la ruana. La han sacado del campo y librado de su connotación anticuada y rural, y llevado a otro nivel: a la ciudad nocturna.

Por su material, el algodón, puede utilizarse de día o de noche. Dependerá de la ocasión y del color. La mayoría de los clientes que visitan la tienda de la diseñadora pastusa Santacruz la buscan para un matrimonio, bautizo, o un evento especial. Predominan las beige, café, negro, gris, rojos.

Zajar lanzó una colección inspirada en las ruanas de Boyacá, en la sensación de protección que genera la pieza, además de la textura de la lana de esa región y la manera versátil como la usan los campesinos. Los diseños que se presentan en las pasarelas de hoy evocan culturas precolombinas, una riqueza ancestral que requiere mucho trabajo manual. Las de Santacruz pasan por 17 manos distintas antes de salir al comprador.

Otra forma de aprovechar este accesorio ha sido como adorno para salas y habitaciones. Según Santacruz, algunas clientes la compran para colocarla en los sofás de sus fincas o al pie de la cama, como un abrigo fácil de doblar y que no ocupa mucho espacio.

La ruana ha sido reivindicada, y hoy es símbolo de estilo (y apoyo social para algunos). Lo mejor, en todo caso, es lucirla bien. Puede llevarse con jeans, camisa blanca y botas. Se usa como prenda sobre prenda, o como pieza principal con pantalones en seda. Cuando la ruana sea de un color llamativo, como el rojo, las demás prendas deben ser en tonos neutros para que sea la protagonista.

Una prenda que tiene más de 4.000 años
La primera prenda con el modelo de ruana como se conoce hoy, nació hace más de 4.000 años cuando un homo sapiens ancestral decidió cortar la piel de un animal y abrirle un hueco para protegerse del frío. En el sigo XVI ya se veían ruanas confeccionadas en algodón en distintas partes del mundo, como España. Poco a poco fueron llegando a América, a países como Chile y México. En Colombia, nació en el departamento de Boyacá en el municipio de Nobsa. Allí se considera que están las ruanas con mejor calidad del país.

Las opiniones

Pilar Castaño
Experta en Moda

“La ruana es una derivación del pañolón de España y de la túnica precolombina. Una ruana se ve bien en una persona alta, el largo ideal debe ir hasta la cadera”.

Hernán Zajar
Diseñador de Modas

“Es un accesorio que nunca pasa de moda en el invierno. Es indispensable para las noches frías. Se puede usar en ocasiones elegantes o informales, depende del material”.