MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Wimbledon
El torneo más antiguo del tenis combina casi 150 años de tradición con innovación tecnológica, consolidándose como uno de los eventos deportivos más prestigiosos del mundo
Hay entornos tan distinguidos y cautivadores que resisten el paso del tiempo e instituciones donde la tradición y la elegancia se mezclan con la intensidad de una competición que forja leyendas, ineludible en el vasto calendario deportivo mundial: bienvenidos al torneo de Wimbledon, bienvenidos al All England Lawn Tennis and Croquet Club, la catedral del tenis.
Mucho más que un evento, es la celebración anual del deporte de la raqueta, de sus valores, de su historia, de su espíritu. Wimbledon es la alquimia de una alianza fantástica entre legado e innovación, tecnologías pioneras y reglas que se observan desde el siglo XIX, cuando sólo era un juego.
Wimbledon es el escenario de batallas épicas, alimenta la playlist de momentos legendarios del deporte; es el arte de sorprender con lo clásico, la inteligencia emocional; es la frescura de una brizna de hierba (el único Grand Slam que se juega en esta superficie, cuna del tenis) y la dulzura de un ritual eterno: las fresas con nata.

Wimbledon apuesta por la etiqueta como legado y ya forma parte de la vida británica como una de sus grandes manifestaciones culturales. La belleza en los detalles más sutiles, la elegancia atemporal y su genuina identidad recuerdan a su gran socio desde los años 70, Rolex. Porque Wimbledon es al tenis lo que Rolex a los relojes.
Wimbledon, otro mundo
Frente a la enorme popularidad de Roland Garros, The Championship (pomposo nombre que incide en su excepcionalidad) es un campeonato distinto al resto, con una propuesta radicalmente diferente. Así se siente nada más cruzar las famosas Puertas Doherty, de hierro forjado negro, instaladas en 1931 por William Doherty como homenaje a sus hermanos Reggie y Laurie, grandes campeones.
El torneo se había organizado en 1877, sobre hierba, para sustituir a uno de croquet, que ya no tenía tanto tirón. Los jugadores debían vestir de blanco para que no se vieran las manchas del sudor. Así sigue, con la ropa inmaculada. El decoro manda. Porque Wimbledon es un bucle temporal desde hace casi 150 años, un viaje recurrente al pasado con todas las posibilidades del presente.
Lo vio claro André Heiniger. Fue el gran impulsor de Rolex en su historia, el hombre que construyó un imperio de exclusividad asociado a unos relojes únicos y posicionó a la marca como símbolo de estatus. Eso se siente al adentrarse en las gradas de la Pista Central (con techo retráctil desde 2009) y sentarse en el Royal Box, el palco dedicado a la Casa Real Británica.
Una invitación del abogado Mark MacCormack, fundador de la agencia IMG, terminó de asociar al deporte la trayectoria de Rolex. Heiniger vio un partido desde allí, lo disfrutó y detectó un ambiente de exclusividad y excelencia, un silencio atronador de admiración a los jugadores y al entorno, un aura inconfundible de grandeza: "Esto es Rolex", dijo.

Valores compartidos
Heiniger, prendado del encantamiento de Wimbledon, llegó a un acuerdo para poner el reloj en el marcador oficial. La precisión milimétrica del tenis en hierba (un deporte en sí mismo, el saque y volea, el bote bajo e irregular) y el respeto por las formas cuidadas se identificaban al instante con Rolex. Empezó una historia de valores compartidos que se trasladó después al resto de los Grand Slam. Todo arrancó en la exclusividad de Wimbledon, un escenario perfecto para posicionarse al más alto nivel. Permeable a la influencia, Rolex creó su famosa esfera apodada Wimbledon, lanzada en 2009 para el modelo Datejust.
Wimbledon son también sus grandes batallas tenísticas, partidos del siglo, porque nadie es grande sin conquistar el torneo londinense: Borg frente a McEnroe (1980), un choque de estilos; Nadal ante Federer (2008), la mejor final de siempre, o la pugna de Evert contra Navratilova (1978), cima del tenis femenino.
Nada mejor para entender Wimbledon que la explicación de Roger Federer, testimonial Rolex. El hombre que más veces lo ganó (8) dictó sentencia con la gracilidad con la que dominaba en la pista. "Cuando nosotros ya no estemos, Wimbledon seguirá con su grandeza. Cuando caminas por la Central de Wimbledon y terminas como campeón, sientes la magnitud del momento. No hay nada igual".
En esta edición, Sinner y Alcaraz, embajadores de la firma suiza, no pudieron reeditar en Wimbledon la gran batalla de esta época. Habrá muchas más en esta buena hierba, la cumbre del tenis, allí donde Rolex se siente en casa.
El mirador operará de lunes a domingo entre el 30 de junio y el 2 de agosto, una medida con la que busca aprovechar la temporada de vacaciones y fortalecer la oferta turística de Bogotá