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OCIO La Fifa, la desastrosa organización que dirige el fútbol, ha conquistado el mundo de los deportes
lunes, 16 de junio de 2014
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El contraste entre el nepotismo, el atrincheramiento a nivel directivo y la corrupción imperantes en la Fifa, y su logro en difundir la versión británica del fútbol por todo el mundo (dejando muy atrás al fútbol americano), es sorprendente y demuestra que la organización tiene enormes puntos fuertes y a la vez defectos atroces.

La decisión de que el Mundial de Fútbol de 2022 se celebre en Qatar, un país con temperaturas muy elevadas, ha llevado al límite las contradicciones de la Fifa. Incluso su presidente Sepp Blatter, de 78 años de edad y que aspira a su quinto mandato como “líder supremo” de la organización, reniega de esta elección. Si no se hacen reformas en la Fifa, gran parte de lo que ha conseguido se perderá.

Lo intrigante acerca de la Fifa es que lo haya hecho tan bien, teniendo en cuenta que es una organización no gubernamental ubicada en Suiza que no rinde cuentas a nadie y con una relación muy conflictiva (y en ciertos casos corrupta) entre sus dirigentes y las asociaciones de fútbol, que son lo más cercano a sus accionistas.

El fútbol acaparó el 43% del mercado mundial de eventos deportivos en valor en 2009, en comparación con el 13% para el fútbol americano y el 12% para el béisbol, según datos de la consultora AT Kearney, y está creciendo más que estos deportes. Incluso ha empezado a penetrar en la consciencia de los estadounidenses gracias a la retransmisión por televisión de partidos europeos.

La Fifa es afortunada al contar con un producto muy atractivo: el fútbol es un deporte más elegante que el fútbol americano, cuya estrategia es compleja y es muy violento, y es más fácil de jugar en parques o en las escuelas. El hecho de que se pueda jugar a fútbol en cualquier parte de forma amateur refuerza el deporte profesional.

Pero esa no es una explicación suficiente: el baloncesto y el béisbol también se juegan en todas partes, y Venezuela y otros países son un ejemplo de que es posible echar a perder una materia prima protegida –en su caso el petróleo y gas natural– a causa del nepotismo para enriquecerse. Lo mismo podría haber ocurrido con el fútbol.

Pero la Fifa lo ha evitado hasta ahora porque tiene dos ventajas competitivas frente a los organismos deportivos de EEUU. La primera es que el fútbol está integrado: los partidos amateur y profesionales están regidos por asociaciones. Ligas de fútbol profesional como la Serie A italiana y la Bundesliga alemana son poderosas y sus equipos son ricos, pero no controlan el deporte a nivel nacional.

Esto parece arcano, pero constituye una enorme diferencia en lo que respecta a los incentivos: las ligas existen para defender sus propios intereses y los de los equipos que pertenecen a ellas, mientras que la labor principal de las asociaciones es promover el deporte. Para la liga principal de béisbol de EE.UU. la situación del béisbol tiene un interés secundario, pero el fútbol es la razón de ser de la Fifa.

La segunda ventaja de la Fifa es que es verdaderamente multinacional: promovió de forma sostenida el fútbol en los mercados emergentes antes que multinacionales estadounidenses y europeas como Coca-Cola y Adidas, dos de los mayores patrocinadores del Mundial de Fútbol. Se adaptó antes al cambio en la economía global.

“La Fifa destinó recursos a África y Asia, y esa estrategia ha generado grandes dividendos, mientras que los deportes estadounidenses siguen limitados a su propio país porque no ha habido dinero para promocionarlos en el exterior”, señala Stefan Szymanski, profesor de gestión deportiva de la Universidad de Michigan.

Las ventajas de la Fifa han fortalecido al fútbol y han hecho que sea un deporte de alcance global. La Copa Mundial es ahora un evento deportivo de la misma magnitud e importancia que los Juegos Olímpicos (que también están dirigidos por una asociación deportiva ubicada en Suiza).

Pero todo esto podría venirse abajo por los defectos de la Fifa. Desde 1961, cuando se reformó de una forma torpe, ha sido dirigida con una estructura que parece idealmente diseñada para fomentar el amiguismo y la disfunción. “La Fifa es una organización cuyos miembros se apoyan mutuamente. Los que están en el centro reparten recompensas financieras a los que están en la periferia, que son los que eligen a los primeros”, dice Roger Pielke, profesor de la Universidad de Colorado.

La Fifa no tiene un consejo de administración que supervise a su presidente y a sus ejecutivos. En lugar de ello existe un “comité ejecutivo” de 24 miembros formado por representantes de asociaciones nacionales de fútbol al que se le acusa de corrupción (hay algunos casos confirmados) y de que ejerce el favoritismo de una forma opaca. Al igual que los anteriores presidentes de la Fifa, Blatter ha explotado está situación para su propio provecho.

Se debería poner fin a esta estructura, pero se mantiene porque le viene bien a muchos de sus miembros. Por otra parte, existe una gran división en la Fifa entre los países europeos, especialmente Reino Unido, que quieren que Blatter dimita y que la Fifa combata la corrupción, y los países africanos y asiáticos que consideran que esto es un intento de Occidente para hacerse con el control del fútbol.

Se avecinan problemas. El periódico The Sunday Times ha acusado a Mohammed bin Hammam, el antiguo vicepresidente de la Fifa de Qatar, de pagar sobornos a representantes africanos para que votaran a favor de que el Mundial de Fútbol de 2022 se celebrase en su país. Mohammed bin Hammam dimitió en 2012 tras descubrir la Fifa que había pagado dinero por votos. El periódico ha publicado correos electrónicos que presuntamente demuestran que los sobornos procedían de un fondo para usos ilícitos de US$5 millones.

Las asociaciones deportivas y las ligas han sido frágiles antes y es fácil imaginar que se produzca una división en la Fifa. ¿Qué pasaría si se quitara el Mundial de Fútbol a Qatar y se celebrara un torneo para los países africanos y asiáticos resentidos al mismo tiempo? Las ligas europeas, que tienen unos ingresos anuales de US$27.144 millones, podrían romper sus relaciones con los rebeldes.

Eso constituiría una tragedia, no sólo porque podría evitarse haciendo una reforma del gobierno corporativo, sino también porque echaría por tierra las hazañas conseguidas por la Fifa desde 1904. Es una empresa con muchos defectos pero ha conseguido grandes logros. Piense en lo que podría hacer si estuviera bien dirigida.

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