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Por la enojosa liturgia en el vestir y la naturaleza temeraria de su deporte, entroncaría también Jan Farrell (23 de septiembre de 1983, Lancaster, Reino Unido) con los mejores toreros. Sustituyan albero por nieve y pongan a este mocetón de 185 centímetros y 92 kilos a descender la pendiente alpina a todo meter. En línea recta. En apenas 20 segundos. Un kilómetro lanzado. A 210,034 kilómetros por hora con la única ayuda de la gravedad y la aerodinámica, tercera mejor marca de la historia sobre unas tablas de descenso.
Farrell, vecino de La Moraleja (Alcobendas, Madrid) desde que era adolescente, practica profesionalmente esquí de velocidad, modalidad minoritaria, extrema y fulgurante, ideada para quienes como él piensan que en las pistas “girar es frenar”. Tras haber ganado el año pasado la Copa del Mundo de Velocidad SDH (speed downhill) ha dado esta temporada el salto a la categoría S1 (speed one), el deporte no motorizado más rápido sobre la Tierra. Este fin de semana compitió en Idre Fjaell, Suecia, haciéndose con la sexta posición en la clasificación final de la de la copa del mundo en su primera temporada en S1. La pista islandesa de Akureyri cerrará la temporada a mediados de abril. Sus rivales, unos intratables hermanos italianos, más fineses y austriacos. Compite por Gran Bretaña, pero a veces sale a pista luciendo la bandera española y la checa (su madre nació allí).
Cada vez que compite quema unas 4.500 calorías
En cada concurso llega a quemar 4.500 calorías. La reglamentación obliga a que la ropa interior cubra tres cuartas partes de brazos y piernas y que haya una protección dorsal. Nada puede exceder los 4,5 cm de grosor. “Me confecciona el traje Johnnatan Fletcher, una casa francesa que fabrica el material de la Copa del Mundo de Esquí. Látex por fuera, neopreno por dentro. Es como mi sastre. Es el sexto que me hace. Se van rompiendo por el roce con el telesilla y las fricciones. No puedo permitir ni un rasguño porque todo afecta en el descenso”, explica Farrell.
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