viernes, 31 de enero de 2014
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Iván Bernal Marín - ibernal@larepublica.com.co

Las charlas del Hay Festival habían empezado desde las 12:30 del mediodía en el teatro Adolfo Mejía, pero su verdadero carácter de fiesta de las ideas solo se reveló hasta la medianoche, en el corazón de la ciudad amurallada.

A esa hora, dos negros del pacífico colombiano hacían esclavos de su sabrosura a los literatos, periodistas, políticos y curiosos que llegaron a la inauguración del evento que lleva nueve años congregando lo mejor del arte y las letras internacionales en Cartagena.
 
Tostao y Goyo lo hicieron alcanzar su máximo punto de ebullición, bajo una premisa con evocaciones joearroyísticas “oye men, cógele el ritmo a la negra”. Los cantantes de ChocQuibTown sacaron de sus sillas a los miles que llenaron la plaza de la Aduana. Desafiaron la comodidad y solemnidad de una que otra guayabera, y pusieron a bailar a todos allí en los adoquines, en medio de balcones de madera y arcos de los tiempos de la colonia, en una noche de cielo despejado y brisa mecepalmeras neutralizadora de sudor.
 
Entre los que intentaban seguirles el paso estaba incluso un expresidente. Ernesto Samper, cachaco por excelencia, agitaba los brazos de un lado a otro (no tanto así la cadera), desprovisto de todo papel político, riendo y gozando abiertamente. Dejaba ver que, contrario a la insistencia de otros, los expresidentes no solo twittean, critican y pelean.
 
Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, encabezaba el baile al mejor estilo de comparsa carnavalera. Cuando sonaba el coro “todo el mundo toma whisky, ajá”, se subió a una silla a agitar las multitudes, entre quienes se podía contar a Jon Lee Anderson, cronista de The New Yorker; Pirry, cronista de RCN; Mario Jursich, director de la revista El Malpensante. Por ahí se veía pasar a la directora del Hay Festival, Cristina Fuentes La Roche. Y un poco más allá, el exfutbolista Oscar Córdoba y el presidente ejecutivo del banco Bbva, Óscar Cabrera Izquierdo.
 
El concierto inaugural del Hay Festival se inició con Salsa Céltica, agrupación multicultural de origen escocés que estuvo en tarima antes que ChocQuibTown, colombianos ganadores de un Grammy Latino. Una dupla que encarna a la perfección el espíritu del festival.
 
A punta de violín, gaitas, banjos y citaras, Salsa Céltica reinterpreta ritmos afrolatinos. Aires cubanos y hasta una cumbia, presentada con mucho respeto, sonaron en un repertorio bañado de jazz y folk. Les dedicaron elogios a las campesinas de Escocia, y establecieron un improbable puente sónico entre los montes y bosques europeos hasta las playas del Caribe.

ChocQuibTown es un tributo al currulao, al bunde, al folclor del pacífico, aderezado con hip hop estadounidense, electrónica y chispazos de funk. Incluso le dedican un funk al bailador extranjero, que se la goza aunque el ritmo y él vayan por caminos distintos. Bambazú y beats ochentenos, salsa y reggae, retumbando entre murallas talladas con siglos de historia de mestizaje. 

Dialectos que se encuentran en el lenguaje universal de la sabrosura. Como el Hay Festival, el hijo cartagenero de un evento literario nacido en Gales, desde el que hoy se imagina el mundo, con acento colombiano.