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MEDIOS Javier Ayala (1942-2021)
jueves, 2 de septiembre de 2021

Murió uno de los más reconocidos periodistas de los años 80

Fernando Barrero Cháves

Nos conocimos con Javier Ayala en el año de 1968, cuando él estaba en El Espectador y yo en La República. Jugábamos un partido de futbol entre los equipos de los dos periódicos en la sede de la 68 y a mitad del segundo tiempo, en un choque con un compañero mío, Javier se fracturó la tibia y el peroné.

Inmediatamente lo cogí por la espalda, lo alcé y un compañero de él por la parte superior de las piernas y lo llevamos a un auto pequeño en cuya asiento trasero quedé aprisionado por el cuerpo de él. Salimos para el Hospital Militar, allí lo recibieron en camilla y lo llevaron a cirugía.

En el entre tanto, Javier me dio su teléfono para que le avisara a su esposa y así lo hice desde el público que había allí, previo que alguien me regala una moneda de 20 centavos. Cuando terminé la llamada, salió el medico de Urgencia y al verme con el uniforme distinto al de Javier me increpó: “Usted es un salvaje, como le pegó en esa pierna por Dios”.

Le tuve que explicar que yo no había sido, que el autor era un compañero de equipo. Lo dejé en las manos de su esposa y sali a buscar un taxi, nadie me paraba pues estaba en uniforme de futbolista y guayos. Al fin pude volver a la sede de El Espectador, pero ya no había nadie. Regresé entonces a La República y me tocó pedir prestado para pagar el taxi.

Ahí empezó esa gran amistad con Javier, con quien luego compartidos, desde 1975 hasta 1982, la redacción económica de El Tiempo. Alli conocimos a un amigo común, Luis Gonzalo Giraldo Marín, nuestro banquero. Nos autorizaba “los rojos” de entonces.

Luego tomamos caminos distintos, yo a Palacio como secretario de Prensa, él con Gabriel Ortiz a montar Prego Televisión, al que ya como director de Inravision me correspondió el honor de adjudicarle, con una junta directiva presidida Bernardo Ramirez, el noticiero de las 9.30 de la noche por el Canal A.

Tengo el vivo el recuerdo de cuando le anuncié esa decisión y después de dar la gracias, simplemente me dijo: “¿Y no se pudo en el Canal 1?”. Hicieron sin duda un gran noticiero que hizo historia por su calidad, pasó por enormes dificultades financieras, pero hasta el ultimo momento les evitamos, con la ministra Noemi Sanín, la caducidad administrativa. Y salieron adelante, no por mucho tiempo, desafortunadamente por el entorno que rodeo la desaparición de la adjudicación por espacios.

Siempre tuvimos lugares comunes, en el Circulo de Periodistas de Bogotá en el que ambos fuimos presidentes. En la Asociación Latinoamericana de Comunicadores (Alacode), en 6AM-9AM de Caracol, junto a ese gran maestro de la radio, Yamid Amat, y una luminaria de colegas como Julio Sánchez Cristo, María Isabel Rueda, Alberto Casas, Carlos Lemos y Antonio Panesso, entre otros para no mencionar sino unos pocos. Ambos fuimos premio Guillermo Cano a la vida y obra de un periodista y ambos amamos el ejercicio de informar. El con sus cuidados análisis que lo caracterizaban.

Javier fue reconocido nacional e internacionalmente como un maestro de periodistas económicos en particular y como un gran Decano en todos los sentidos.

Este miércoles 1 de septiembre, cuando su corazón se detuvo a las 12.22 de la tarde, el corazón se nos partió en mil pedazos.

Informado como pocos de la realidad nacional en los campos económicos y políticos, era un gran tertuliador. Disfrutábamos de la manera de cómo contaba todos los hechos noticiosos y todas las fantasías que se tejían alrededor de ellos.

En los últimos años, al lado de su otro gran amigo, Gabriel Ortiz, pero también de Román Medina, German Santamaria, Jaime Viana, Oscar Alarcón, Luis Guillermo Ángel, Tulio Ángel y María Inés Pantoja, teníamos un grupo de wasap titulado “Abuelos felices”, nos reuníamos periódicamente antes del maldito Covid y hasta último momento mantuvimos viva la esperanza de su recuperación.

Le hará falta al país, al periodismo, a su querida familia, con Carmen a la cabeza, a sus hijos, a los amigos, su vacío será inmenso. Lo recordaremos por siempre y paz en tu tumba, querido y entrañable amigo Javier.

Esta madrugada mi hija María Angelica me envío el siguiente wasap, sabiendo de nuestra amistad con Javier: “El seguirá siendo parte del grupo de abuelos, porque seguirá en la memoria de todos ustedes”.

(*) Director de Cultura, Relaciones Publicas y Medios de Cafam